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Por Cecilia García-Huidobro
Freifrau zu Knyphausen*
Dentro de una agenda de transparencia, que ha
movido las fuerzas de la oposición y el
gobierno, se ha debatido y proclamado la nueva
ley de financiamiento de los partidos políticos.
Esta instancia se ha aprovechado para definir
un criterio común para canalizar otras
donaciones, como las culturales, educacionales,
universitarias, deportivas, culturales y, finalmente,
sociales.
Aún cuando
se amplía notoriamente el espectro de las
instituciones susceptibles de recibir donaciones
se reduce considerablemente el monto total que
se permite deducir a los donantes. En términos
generales, para las donaciones educacionales y
culturales se podía llegar hasta el 8%
de la renta líquida imponible. Con la incorporación
del tan esperado aliciente para las donaciones
de carácter social se esperaba llegar a
un 10% que estimulara a las empresas y a los individuos
a canalizar sus aportes en un vasto radio de acción.
Sin embargo, la ley sorprende al reducir este
monto al 4,5% de lo imputable, incluyendo el crédito
y el gasto, e incorporando en ese porcentaje a
todas las donaciones. Es más, en las donaciones
de carácter social se ha dejado un 33%
de ella para ser absorbida por un Fondo Común,
que es contrario al espíritu de este tipo
de legislaciones, por cuanto aplican un impuesto
donde se quieren, justamente, aliviar.
Por otra parte, se prohibe
las contraprestaciones de servicios a las empresas
donantes, lo que si se interpretase de una manera
pedestre significaría que la cesión
de entradas a los espectáculos culturales
a las empresas auspiciadoras o los ejemplares
de libros que se les otorgan por publicaciones
se eliminarían, dejando un nulo incentivo
para seguir una línea que ha dado pie a
importantes investigaciones y a la difusión
permanente de la música y el teatro. Uno
de los pilares del trabajo de las corporaciones
sin fines de lucro ha sido el reconocimiento a
las empresas que sustentan los proyectos que la
animan. Hoy, ese reconocimiento podría
verse como un beneficio adicional para ella, desvirtuando
un principio fundamental que es la reciprocidad
y el agradecimiento.
Nuevamente, no se consultó
públicamente a los actores culturales ni
se originó un debate público que
hubiera considerado matices que a los legisladores
que no provienen de esta actividad no les son
conocidos. En los últimos años ha
habido un florecimiento de la gestión cultural
como polo generador de identidad, proyectándose
en los más variados estamentos del tejido
social. La ley que el Senador Gabriel Valdés
visionariamente puso en práctica ha significado
un fuerte incremento de la participación
del mundo privado en la cultura nacional. Sería
contraproducente que un incentivo tan notable,
a nivel de todo el continente, se viera mermado
por estas modificaciones.
Sin duda que estas aprehensiones
podrían verse superadas, a través
de las circulares que deberán emanar del
Servicio de Impuestos Internos. Al estar la ley
ya promulgada, es este organismo el que tendrá
bajo sus espaldas la trascendental tarea de seguir
promoviendo la cultura; especialmente ahora que
se están constituyendo las bases del recién
creado Consejo Nacional de la Cultura, con rango
ministerial.
Por parte de las corporaciones
deberán promoverse proyectos que beneficien
incuestionablemente a toda la comunidad y por
parte de las empresas es esperable una mayor sobriedad
en la forma de figuración o en las exigencias
a las corporaciones.
Chile ha avanzado muchísimo
en la profesionalización de la actividad
cultural, en la conciencia de responsabilidad
social empresarial, en la incorporación
de comunidades funcionales y en el florecimiento
de centros culturales a lo largo del país,
así como en el establecimiento de fundaciones
y corporaciones, y en los mecanismos que incentivan
los aportes privados. Esperemos que esta tendencia
se siga promoviendo y no se vean tantos avances
coartados por la interpretación literal
de los cambios introducidos por el legislador.
(*)Vicepresidenta Ejecutiva
Corporación Patrimonio Cultural de Chile,
Presidenta FECHAM, Secretaria General Asociación
Gremial de Gestores Culturales
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