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Del Norte Grande tenía
que venir la idea. Es que la
mayor fiesta religiosa de Chile
se celebra en medio del desierto
y tiene su centro en la devoción
a la Virgen del Carmen, la "chinita".
El calendario anual de la región
se organiza en torno a la fiesta
de la Tirana y los promesantes
acuden por miles, desde Bolivia,
Chile y Perú. Con fervor,
disciplina y resistencia, las
más de 230 agrupaciones
de baile se rinden ante los
pies de la Virgen, sin dejar
de cantarle y bailarle los buenos
días, las buenas tardes
y las buenas noches; así
como el saludo y la despedida,
con total entrega.
En la mitad del desierto, estallan
los colores de los trajes de
los sambos morenos, tinkus,
gitanos, diablos o pieles rojas,
dirigidos por sus caporales
y acompañados del estruendo
de los bronces y percusiones
de las bandas. Día y
noche le bailan a la Virgen,
portando sus imágenes
y estandartes, siguiendo la
tradición y cumpliendo
con el ritual que se traspasa
oralmente a quienes integran
las cofradías. Meses
de ensayo se reflejan en la
pulcritud de las coreografías
y en el impecable desempeño
del itinerario. Por otra parte,
llama la atención el
orden con que transcurren las
actividades de un pueblo que
no supera los 100 habitantes
y que, durante la fiesta, recibe
a más de 250.000.
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