Estación Mapocho, Santiago, 1910.
Foto: Archivo Fotográfico de Chilectra.
 
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Septiembre 2001

Armando de Ramón, Premio Nacional de Historia 1998:

"Santiago siempre ha vivido en el terror a la plebe" (continuación)

Catedral republicana.

- Saltemos hacia nuestros principales espacios fundacionales. La Plaza de Armas sigue vigente como escenario de manifestación popular ¿piensa que debería recuperarse como espacio de manifestaciones culturales, como ocurría con el teatro callejero a principios del siglo XIX, o como centro de servicio público, como lo era cuando su fuente daba el agua a los habitantes de Santiago?

- Si la plaza estuviera totalmente despejada, eso sería posible. La plaza tuvo desde mediados del siglo XIX una función de paseo público, con sombra, para descansar. La vida popular se manifestaba en mil cosas; en los pintores, en los fotógrafos, los vendedores, los enamorados. Ahora, eso ya no existe. La nueva plaza sin duda destaca los edificios públicos, pero para recuperar la función de escenario de eventos habría que sacar todos los árboles. No dejarla a medias, como quedó.

Ahora todos los peruanos se fueron hacia la calle Catedral, se sientan en los huecos que deja la pared del costado de la Catedral. Ese es un verdadero mercado de trabajo, en donde se pasan datos, noticias. Usted a la plaza métale todo lo que quiera meterle, sáquele todo lo que quiera sacarle y la plaza siempre va a tener una función múltiple, porque ese es el sentido de las plazas, que la gente haga en ellas lo que quiera. Y de hecho lo hacen, no le piden permiso a nadie. La importancia de la plaza reside en que la población la toma como cosa propia. La Plaza de Armas la han utilizado todas las clases sociales.

La Catedral es uno de los primeros edificios que se hicieron en el siglo XVI. Está el Cabildo y la Catedral. La catedral que tenemos hoy es tal vez el edificio más emblemático de la República que aún se mantiene.

La primera catedral, tenía la entrada por la calle catedral, que por eso se llama así. Hacia la plaza de armas estaba el costado, y entre el edificio y la plaza quedaba una especie de explanada en donde se hacían muchos actos religiosos. Eso bajaba a la plaza por unas gradas que son las que se describen en el libro como una morgue pública, donde se ponían los cadáveres de los muertos que se habían encontrado en las calles en la mañana, para que los parientes los reconocieran. Esta primera catedral fue destruida por un incendio. Yo fui asesor en la construcción del metro y, cuando se hicieron las excavaciones, pedí ver los cimientos de la vieja catedral. Y entonces aparecieron estos cimientos y además varios esqueletos.

En 1748 se comenzó a construir la nueva catedral. Se decidió hacerla muy grande e imponente, y la entrada se hizo hacia la plaza, lo que implica una sacralización de la plaza, que deja de ser el lugar pecaminoso y profano que era. Las obras se demoraron como 150 años, hasta que el edificio quedó tal como está ahora.

Con esta catedral recién inaugurada a principios de la República se celebró el primer Tedeum Ecuménico que se celebra hasta hoy. Esto indica que nuestra catedral es republicana. Todos los presidentes de Chile, católicos o ateos han participado en este acto. De hecho, la catedral trasciende a la Iglesia Católica. En el régimen militar se celebraron un montón de actos ahí. El primer simposium sobre derechos humanos se hizo en la catedral en el año 78, con gente que venía de todas partes del mundo en pleno régimen militar. Frente a ella llegó una muchedumbre de gente con claveles blancos. La catedral ha jugado un rol crucial en los grandes momentos de nuestra historia republicana, al ser un importante punto de manifestación popular, no necesariamente religiosa. El significado público de la catedral es incluso mayor que el de la Moneda.

- Por último ¿cómo proyecta usted el Bicentenario en el aspecto urbano de Santiago?

Primero creo que hay que hacer una encuesta popular en Santiago en donde la gente diga cuales son sus prioridades para el Bicentenario. Para mí hay tres aspectos que deben resolverse: el sistema de locomoción pública, la contaminación y la delincuencia. Con eso podríamos recuperar bastante a nuestra ciudad.

             
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