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Catedral
republicana.
- Saltemos hacia nuestros
principales espacios fundacionales. La Plaza de
Armas sigue vigente como escenario de manifestación
popular ¿piensa que debería recuperarse
como espacio de manifestaciones culturales, como
ocurría con el teatro callejero a principios
del siglo XIX, o como centro de servicio público,
como lo era cuando su fuente daba el agua a los
habitantes de Santiago?
- Si la plaza estuviera totalmente despejada,
eso sería posible. La plaza tuvo desde
mediados del siglo XIX una función de paseo
público, con sombra, para descansar. La
vida popular se manifestaba en mil cosas; en los
pintores, en los fotógrafos, los vendedores,
los enamorados. Ahora, eso ya no existe. La nueva
plaza sin duda destaca los edificios públicos,
pero para recuperar la función de escenario
de eventos habría que sacar todos los árboles.
No dejarla a medias, como quedó.
Ahora todos los peruanos se fueron hacia la calle
Catedral, se sientan en los huecos que deja la
pared del costado de la Catedral. Ese es un verdadero
mercado de trabajo, en donde se pasan datos, noticias.
Usted a la plaza métale todo lo que quiera
meterle, sáquele todo lo que quiera sacarle
y la plaza siempre va a tener una función
múltiple, porque ese es el sentido de las
plazas, que la gente haga en ellas lo que quiera.
Y de hecho lo hacen, no le piden permiso a nadie.
La importancia de la plaza reside en que la población
la toma como cosa propia. La Plaza de Armas la
han utilizado todas las clases sociales.
La Catedral es uno de los primeros edificios que
se hicieron en el siglo XVI. Está el Cabildo
y la Catedral. La catedral que tenemos hoy es
tal vez el edificio más emblemático
de la República que aún se mantiene.
La primera catedral, tenía la entrada por
la calle catedral, que por eso se llama así.
Hacia la plaza de armas estaba el costado, y entre
el edificio y la plaza quedaba una especie de
explanada en donde se hacían muchos actos
religiosos. Eso bajaba a la plaza por unas gradas
que son las que se describen en el libro como
una morgue pública, donde se ponían
los cadáveres de los muertos que se habían
encontrado en las calles en la mañana,
para que los parientes los reconocieran. Esta
primera catedral fue destruida por un incendio.
Yo fui asesor en la construcción del metro
y, cuando se hicieron las excavaciones, pedí
ver los cimientos de la vieja catedral. Y entonces
aparecieron estos cimientos y además varios
esqueletos.
En 1748 se comenzó a construir la nueva
catedral. Se decidió hacerla muy grande
e imponente, y la entrada se hizo hacia la plaza,
lo que implica una sacralización de la
plaza, que deja de ser el lugar pecaminoso y profano
que era. Las obras se demoraron como 150 años,
hasta que el edificio quedó tal como está
ahora.
Con esta catedral recién inaugurada a principios
de la República se celebró el primer
Tedeum Ecuménico que se celebra hasta hoy.
Esto indica que nuestra catedral es republicana.
Todos los presidentes de Chile, católicos
o ateos han participado en este acto. De hecho,
la catedral trasciende a la Iglesia Católica.
En el régimen militar se celebraron un
montón de actos ahí. El primer simposium
sobre derechos humanos se hizo en la catedral
en el año 78, con gente que venía
de todas partes del mundo en pleno régimen
militar. Frente a ella llegó una muchedumbre
de gente con claveles blancos. La catedral ha
jugado un rol crucial en los grandes momentos
de nuestra historia republicana, al ser un importante
punto de manifestación popular, no necesariamente
religiosa. El significado público de la
catedral es incluso mayor que el de la Moneda.
- Por último
¿cómo proyecta usted el Bicentenario
en el aspecto urbano de Santiago?
Primero creo que hay que hacer una encuesta popular
en Santiago en donde la gente diga cuales son
sus prioridades para el Bicentenario. Para mí
hay tres aspectos que deben resolverse: el sistema
de locomoción pública, la contaminación
y la delincuencia. Con eso podríamos recuperar
bastante a nuestra ciudad.
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