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En su libro Santiago de
Chile, publicado por Editorial Sudamericana y
uno de los títulos de la Biblioteca del
Bicentenario, el Premio Nacional de Historia,
Armando de Ramón, relata con sorprendente
nitidez la historia de la capital desde su fundación
hasta nuestros días. Un texto que revela
realidades tan insólitas como precarias
y descarnadas y que da cuenta de un proceso que,
según el autor, sólo puede comprenderse
a partir de la sociedad santiaguina.
El
clasismo-racismo, la segregación espacial,
la centralización, la contaminación,
la delincuencia, el abandono del patrimonio, que
hoy afectan a Santiago no son fenómenos
contemporáneos ni productos de la contingencia
actual. Por el contrario, son el resultado de
unos gérmenes que se hayan en los orígenes
mismos de la ciudad y que conforman, en parte,
la idiosincrasia de su sociedad. Y es esta sociedad,
y no los monumentos, parques, calles ni edificios,
el único hilo conductor que, según
Armando de Ramón, es posible seguir para
abordar la historia de Santiago.
- En su libro
usted afirma que sólo a través del
estudio de la sociedad santiaguina es posible
aprehender la historia de la ciudad y sustenta
esta idea en la afirmación de que Santiago
es una ciudad muy difícil para ser comprendida
¿En qué sentido?
- Comprendida en el sentido de "captada".
Una ciudad legible es una ciudad de la cual uno
puede tener una imagen completa. Santiago en este
momento no es legible en absoluto. Hasta la época
de Vicuña Mackenna, lo fue.
- ¿Y eso implica que sea una ciudad muy
difícil de ser querida?
- Una ciudad que no se comprende no se puede querer.
- ¿A qué
atribuye principalmente esta falta de comprensión
y de identificación con la ciudad?
- Primero a que creció demasiado, se perdió
todo contacto, por la destrucción masiva
de los barrios y la reconstrucción que
no siguió los patrones estilísticos,
sino que transformó completamente la ciudad.
Es otra ciudad. No es la que yo conocí
de chico. Es increíble cómo nos
hemos habituado tan bien a esto. Me recuerdo mirando
por esas ventanas ovaladas que tenían los
autos antiguos en la parte de atrás, me
encantaba mirar por ahí. Tengo grabado
en la cabeza el paisaje de los potreros que comenzaban
en el Canal San Carlos.
Hay factores cuya influencia en la ciudad es absolutamente
determinante, como lo es la guerra de la Araucanía,
que implicó la huida de la gente del sur
a Santiago, con la consiguiente formación
de los cordones marginales indígenas alrededor
de la ciudad, el abandono del centro por parte
de las clases altas y la emigración hacia
la cordillera, el gran clasismo que permanece...
Somos poco conscientes de esto, a pesar de que
fue una guerra que duró más de 300
años.
La guerra de la Araucanía es el hecho más
importante que ha ocurrido en la historia de Chile.
Por lo tanto, necesariamente tiene que marcar
a Santiago. De partida, esta guerra la financiaba
Santiago.
Valdivia fundó la ciudad con el fin de
ser un fuerte, por eso tiene una ubicación
estratégica. Los indígenas usaban
el cerro Santa Lucía para poner sus altares.
En la época incaica, Santiago también
tenía una cantidad de cosas que los mapuches
heredaron, como un sistema de regadío por
acequias fantástico. Hay algunas que todavía
se usan como el Canal del Carmen que va por el
borde del cerro San Cristóbal hacia Conchalí.
Ese canal lo hicieron los incas en el siglo XV.
Así que toda está infraestructura
existía aquí cuando se fundó
Santiago, o sea que era un imperativo que la ciudad
se fundara aquí; había campo cultivado,
una población trabajadora.
Cuando siguió el avance de Valdivia hacia
el sur se topó con los araucanos que eran
cosa seria, el mismo Valdivia que había
estado en las guerras europeas, decía que
era increíble cómo se entregaban
a la lucha, que era algo nunca visto. "Pelean
como tudescos", decía, o sea, como
alemanes. Esto hizo que la guerra de la Araucanía
se prolongara mucho, que fuera muy complicada
la conquista del sur, y todas esas ciudades del
sur tenían que ser mantenidas por Santiago,
que proveía alimento y gente. Esto determinó,
de partida, el centralismo de Santiago respecto
de las provincias y un desgaste económico
que le impidió progresar.
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