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La ruta del Picante (continuación)
La piojera
(Aillavilú 1030,
cerca de La Vega).
La Vega de Santiago ha pasado
en los últimos años por muchas incertezas.
La modernidad de nuestra urbe ha querido arrasarla
y trasladarla. Sin embargo, sus emblemas siguen
allí. Tal es el caso de La Piojera, que
funciona desde 1896. En este lugar se bebe -y
harto- se toma vino, pero también un curioso
brebaje: Ponche de Culén. Se trata, dicen
los entendidos, de un combinado, parecido a la
mistela. Vale la pena comprobar este sabor tan
de nuestras latitudes y agregar a este líquido
pan con huevo (ojo que es muy diferente, por cierto,
al playero pan de huevo). Aquí cuenta y
mucho la preposición. or cierto, no hay
que olvidar a los clásicos: la caña
de vino, la de chicha, el vino pipeño y
el borgoña.
El rincón de los
canallas
(San Diego 379-B)
(De lunes a jueves, desde las 12 horas hasta las
2 a.m; viernes y sábados, hasta las 7 a.m).
Esta picada con contraseña es propiedad
de un porfiadísimo que cuando se le quemó
su local no consiguió otra patente. Su
nombre Víctor Painemal. En años
duros difundía la contraseña en
un programa de radio Colo Colo. Hoy para no olvidar
viejos tiempos la contraseña persiste,
pero es siempre la mima: "¿Quién
vive canallla? Chile libre, canalla".
El menú ostenta nombres de combate: Vietnamita
se bautizó a un pernil entero, más
arrollado, prietas, costillar, papas cocidas y
ensalada surtida. Todo ello multiplicado en cuatro
porciones. Los nombres siguen acorde a los contenidos:
Punta Peuco, Barrabases, Amongelatina o Vitalicio.
En Los Canallas hay gusto para todos.
Hoy, comenta Víctor Painemal en una entrevista
publicada en Santiago Bizarro, los canallas vienen
de todo el mundo pues creó Los Canallas
Internacional.
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