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La ruta del picante
El año 2003,
el periodista Sergio Paz terminó una titánica
tarea: editar su libro Santiago Bizarro. En él
se pueden recorrer las vísceras de nuestra
urbe, periplo que permite al transeúnte
ávido de noche y de experiencias, sacudir
la idea de que Santiago de Chile es tan gris y
fome que no merece la pena ser vivido. No, para
nada, en las 275 páginas que componen este
imprescindible libro se conoce desde lo más
extraño hasta lo más chilenísimo
de nuestra herida ciudad. Esta entretenida guía
demuestra que para gustos no hay nada escrito.
Para muestra: algunas picadas.
El Quitapena
(Recoleta 1480)
Abierto todos los días del año,
salvo el 11 de septiembre, hasta las 23 horas.
La historia del Quitapena ya cuenta unas
ocho décadas de vida. Vida que, por cierto,
ha acompañado muchas muertes. En efecto,
su nombre se debe a los deudos que acongojados
pasan a saciar sed y hambre cuando acuden a despedir
a sus seres queridos al cementerio. Con una estética
de la típica Fuente de Soda chilena junto
a una rica comida casera y un ruidoso Wurlitzer
y con la ventaja de estar en las cercanías
de los cementerios General y Católico esta
picada hace olvidar por un rato la pena de la
pérdida.
En el libro Santiago Bizarro de Sergio Paz se
narra la historia "más gloriosa"
de esta picada. Se trata del origen del club de
fútbol Colo Colo cuando una tarde de 1925
tras haberse alejado de su ex club Magallanes
y mientras comían con la pena de la despedida,
un arrollado huaso, David Arellano y Clemente
Acuña se comprometieron a crear un nuevo
club deportivo: el chilenísimo Colo Colo.
Como sea, el Quita Pena sigue incólume
en Recoleta para todos aquellos que necesiten
un respiro en tan triste recorrido y como popular
monumento en nuestra ciudad.
El hoyo
(San Vicente 375 con
Gorbea, Estación Central).
El Hoyo abrió sus puertas en 1912 y sy
clientela se ha mantenidoo por varias generaciones.
Las mesas son barriles apoyados en una pila.
Reyes del vino tinto en jarra de la casa. Este
chilenísimo lugar creció a punta
de réplicas. Porque si nos remontamos al
año 1985 el terremoto de marzo arrasó
con buena parte del Santiago antiguo. La mitología
de este sitio narra que llegó hasta este
lugar un despistado gringo que ante la desagradable
temperatura del vino que le servían pidió
que le encaramaran un copo de helado al vaso.
El helado de piña que normalmente nutre
el más aristocrático Ponche a la
romana se desvió hacia una corriente caña
de vino blanco. Nació, entonces, El Terremoto,
un trago tan criollo como exitoso. Réplica
es el nombre que ostenta el vasito más
pequeño.
Hoy Santiago cuenta con dos Hoyos: el Hoyo de
arriba, en Franklin y el Hoyo de abajo, cerca
de Estación Central. En ambos hace veinte
años se venció la adversidad de
la desgracia celebrando con el buen vino tibio
o helado.
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