El
nombre del ingeniero experto en
transportes, Remberto Echeverría,
ex funcionario de Ferrocarriles
del Estado se ha hecho conocido
en los medios por sus persistentes
denuncias al Transantiago y principalmente,
al trazado de las líneas
de Metro. Señala que el
sistema, en su conjunto, no está
contribuyendo a descongestionar
ni a descontaminar Santiago y
que la gran falla de su planificación
es no haber considerado importante
el factor tiempo en los desplazamientos.
Critica, además, la gestión
de Ferrocarriles y habla de la
importancia de los trenes para
descentralizar el país.
Por Rosario Mena |
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Una verdadera cruzada personal
por el sistema de transporte
en Santiago es la que ha emprendido,
de un tiempo a esta parte, el
ingeniero civil, formado en
la Universidad Católica,
Remberto Echeverría.
Un nombre difícilmente
olvidable que, según
él, sólo 12 personas
en el mundo tienen el honor
de llevar. "Yo tenía
un santo en febrero - cuenta-,
pero lo sacaron. No sé
por qué".
Sus investigaciones sobre el
Transantiago y, especialmente,
sobre la ejecución de
las líneas de Metro desde
el año 2000 en adelante,
tema que ha criticado duramente,
ocupan gran parte de su tiempo,
al igual que sus entrevistas
a los medios de prensa, sus
visitas a la cámara de
diputados y sus incesantes reuniones
y correos electrónicos
para llegar hasta el fin con
lo que considera su deber ciudadano:
"Denunciar que el Transantiago,
tanto en el sistema de buses
como en el Metro, no cumple
con las condiciones técnicas
con que debería haber
sido planificado, y está
afectando negativamente la calidad
de vida de los habitantes".
Un tema no menor si se considera
su gran movilidad: "Los
santiaguinos hacen 16 millones
de viaje diarios dentro de Santiago".
En su evaluación, los
defectos del antiguo sistema
de buses, si bien eran molestos
y poco dignos de un país
desarrollado, no constituían
problemas estructurales, como
son las actuales falencias.
"La gente antes se quejaba
de que los choferes corrían,
luchando por los pasajeros,
de que eran maleducados con
los pasajeros. Pero no habían
colas, la gente ocupaba el tiempo
mínimo en viajar y partía
desde cualquier población
todas las mañanas, sin
problema para ir ni para volver.
Hoy, con los trasbordos y la
escasez de máquinas,
se aumentó demasiado
el tiempo de viaje afectando
dramáticamente a las
personas. Una variable a la
cual no se le dio suficiente
importancia".
Teóricamente -según
explica- el optimizar los recorridos
y establecer trayectos más
cortos, con trasbordos, permitiría
eliminar buses y disminuir el
consumo de petróleo.
"El gran problema es que
antes el pasajero tomaba un
solo bus, muy pocos tenían
que trasbordar. Ahora, por los
menos el 80% tiene que trasbordar.
El único beneficio real
para los pasajeros ha sido la
tarjeta, que era un tema que
se debía implementar
de todos modos. Los buses actuales
contaminan exactamente igual
que los de antes. Lo que fue
una idea aparentemente buena,
resultó ser una absoluta
equivocación". Echeverría
pone de manifiesto "el
absurdo de pasar de las 8000
micros que existían anteriormente,
a la mitad. Ahora dicen que
serán 6400. Eso podría
estar bien, pero sigue estando
el problema del tiempo de viaje".
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