Pesebre
realizado por Filomena Vergara,
bordadora de Ninhue, Ñuble,
VIII Región. Pieza en
exhibición durante la
28 Muestra Internacional de
Artesanía Tradicional
del Parque Bustamante.
La
costumbre de representar
el nacimiento de Jesús
con figuras, traídas
desde Europa por las misiones
cristianas que llegaron
a América durante
la Conquista, se ha arraigado
en los corazones de los
artesanos chilenos por varias
generaciones. Hoy el mercado
y el consumo hacen del pesebre
no sólo una instancia
para recordar esta historia
ocurrida hace dos mil años,
sino que también,
una alternativa económica.
Esto no impide que cada
artesano trabaje con cariño.
Cada figura es realizada
con la rapidez que da la
experiencia y con la dedicación
y paciencia que una pieza
hecha a mano exige.
Revisa
el álbum
Fue
San Francisco de Asís quien
instituyó esta manera de
hacer visible el nacimiento de
Jesús. En 1223, en Greccio,
el Santo llevó a cabo una
representación en vivo
del nacimiento de Jesús.
Desde ese entonces, este hecho
se transformó en costumbre
dentro de la Orden Franciscana
y luego en la Orden de Santa Clara
(Monjas Clarisas), hasta extenderse
al mundo cristiano en Europa.
Las misiones cristianas que llegaron
a América introdujeron
esta costumbre durante la Conquista.
Específicamente, hacia
el siglo XVII en Chile se situaría
el inicio del desarrollo de esta
temática introducida por
las órdenes religiosas
que vieron en los pesebres un
medio de evangelización
efectivo.
Desde ese tiempo las religiosas
de todos los conventos se preparaban
con muchos días de anticipación
para hacer el nacimiento, con
la colaboración de toda
la comunidad. Así mismo,
los sacerdotes, las iglesias y
sus feligreses formaban un equipo
que trabajaba varios días
para construir el pesebre que
sería puesto frente al
altar.
En un principio, los primeros
pesebres realizados en Chile obedecían
a las pautas dictadas desde Europa.
Entre las reglas se contaba la
preparación de una tarima
o mesa en proporción a
la cantidad de personajes del
pesebre, el lugar de instalación
de la gruta o choza y la ubicación
de cada uno de los personajes.
Sobre la tarima, con diversos
materiales -tierra, arena y ripio,
entre otros- se debía representar
el camino, las lomas y valles.
Para realzarlos se debían
usar trozos de arpillera encolada,
cubiertos con aserrín natural,
una parte era pintada con anilina
verde para imitar el pasto.
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