|
Hurgando en conventos y museos,
en busca de los fanales que
albergan la figura del Niño
Dios, la historiadora y profesora
de la Universidad Católica,
Olaya Sanfuentes, está
dedicada a revelar un potente
fenómeno religioso y
social, que tuvo lugar en nuestro
país entre finales del
siglo XVIII y durante el XIX
y que representa la privada
adoración al niño
Jesús. Una figura heredada
de la Europa medieval, adoptada
y devocionada en la América
mestiza, como cómplice
y esperanza de los humildes
y desposeídos.
Por Rosario Mena |
Formada como Licenciada en
Historia, en la Universidad
Católica de Chile, Olaya
Sanfuentes, bajo la influencia
reconocida de su profesora,
Isabel Cruz, se ha encaminado
desde sus inicios profesionales
a la historia del arte, realizando
un Master en Arte Latinoamericano
en Estados Unidos y, posterioremente
un doctorado en Historia del
Arte en Barcelona. “Isabel
me inspiró. Pensé
que la historia del arte era
una manera muy bonita de acceder
a otra parte más imponderable
de la historia, lo aún
no registrado. Me gustó
la idea de tomar todos esos
elementos que configuran la
historia y que tienen que ver
con las imágenes, con
las formas de vida, con la creatividad"
- ¿Desde cuándo
se considera, académicamente,
el estudio del Arte Latinoamericano?
¿Se incluye, por ejemplo,
lo precolombino?
- En Estados Unidos este tema
empieza a interesar en el siglo
XX y se define desde lo precolombino.
Si los europeos consideran arte
lo que ocurre en la época
medieval, ese mismo parámetro
epistemológico corresponde,
en América, a lo precolombino.
Además, a partir del
siglo XX las nociones de arte
se amplían, incluyen
incluso la artesanía,
en la medida que es una manifestación
del alma y expresa aspectos
de la realidad.
América
animista
-
¿Es correcta la plena
identificación del arte
colonial latinoamericano con
lo religioso?
- Durante toda la Colonia son
excepcionales las obras de carácter
secular, hay uno que otro retrato,
representaciones de fiestas
populares, pero generalmente
el carácter es votivo.
Son imágenes a las cuales
se rinde devoción. Los
elementos representados están
envueltos en un aura, que es
característica del barroco,
en Europa y en América.
En el siglo XVIII, con el positivismo,
el enciclopedismo, surgen otros
géneros, paralelos a
los religiosos. Pero el arte
latinomaericano no puede desligarse
de la religiosidad popular.
Representa lo que identifica
a América, que es su
visión animista, la devoción
por los santos, la religiosidad
popular, llena de creatividad,
como forma de ganarle a las
adversidades de la vida, de
una manera menos racional y
más espiritual.
- ¿Qué
figura central religiosa es
la que más unifica a
Latinoamérica? Se habla
mucho, en este sentido, de la
devoción mariana…
- Yo hablaría de una
serie de elementos comunes en
la religiosidad popular, en
general. María, sin duda,
es una figura transversal, de
gran peso antropológico.
Es la madre, y en el mundo andino
se identifica con la Pachamama.
Pero el Niño Jesús,
también es muy latinoamericano,
como representante de los débiles
y marginados. El Niño
Dios tiene una mayor identificación
con ellos que con la jerarquía.
Es el niño de los indígenas,
de los mulatos, de los mestizos.
Es el rey niño, humilde,
un personaje mucho más
accesible que los santos, que
fueron obispos, u otros. Por
otra parte, este niño
imprime un modelo de humildad,
de ingenuidad, que es lo que
las élites quieren fomentar
en el pueblo para sustentar
su dominio sobre los grupos
más bajos.
|