
|
Aguatero (aguador): Según
el compilador es uno de los
oficios más antiguos
que aún quedaban en Valparaíso
a fines del siglo XIX. Los que
se trasladaban a caballo dependían
de un patrón. Los que
andaban en burro, trabajaban
por cuenta propia y eran "sumisos".
Ambos llevaban el agua a los
domicilios desde las quebradas,
en dos barriles pequeños
colocados a cada lado del lomo
de los animales.
Motero: Su grito también
anunciaba la llegada del verano,
estación en la que se
comenzaba a cosechar y vender
el grano del trigo. "Huesillos
y mote fresquito", anunciaba
el vendedor por la calles de
la ciudad. "La medida que
usa el motero es una taza grande
de loza cuyo justo precio es
un cuartillo (3 centavos), i
la cual llena de agua que siempre
lleva consigo en un cántaro
de barro".
Lechero: Era el empleado de
una hacienda a cargo de repartir
la leche en los caseríos.
Salía del fundo antes
de que saliera el sol, para
llegar a la ciudad "a una
hora competente de la mañana".
Tornero explica que "como
la mayor parte de los vendedores
que dependen de un patrón,
hacen sus trampas i diabluras.
Ya que no puede guardarse una
parte de la venta, por recibir
la leche medida, recurre al
medio de aumentar la cantidad
bautizándola con agua".
Heladero: Este hombre ofrecía
hasta "tarde de la noche
con el cubo a la cabeza pregonando
la clase de helados, en un lenguaje
que ni el más versado
en el quichua podría
entender". Si el helado
era de canela gritaba: "elao
cantao". Si era de leche
gritaba "de leit bien clao".
|