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Aunque sólo sea por
un día, cada año son más
los chilenos que en Navidad sienten el llamado
a contactarse con los pobres y solitarios. Compartir
esta celebración con la gente de la calle
es una de las opciones más recurridas.
Sin embargo, el complejo mundo de los sin hogar
sigue siendo incomprendido, estigmatizado, marginado
y rechazado. "La calle es de todos -aclara
Luis Ossa, director del Programa de la Calle,
del Hogar de Cristo- Nuestra misión no
es solucionarle el problema al vecino que no quiere
tener a alguien que le afea el lugar".
Además de las actividades organizadas
en los hogares de niños, ancianos y en
los distintos programas del Hogar de Cristo, cada
año, en Navidad, un número creciente
de personas se acerca en forma espontánea
y por iniciativa propia, a acompañar a
los más desamparados. "Es típico
que en la noche de Navidad llega gente de sorpresa
con guitarra y con regalos, tanto a la hospedería
como a la sala de enfermos terminales", explica
Mónica Espósito, jefa del departamento
de Desarrollo del Hogar de Cristo.
El interés de los chilenos en ciertas
actividades como la Navidad en la calle ha crecido
a tal punto, que para este 24 de diciembre el
Programa de la Calle, que durante todo el año
atiende en las noches a los adultos de las calle
en Santiago, decidió no salir . "Hay
un exceso de visitas a la gente de la calle-explica
Luis Ossa, coordinador del Programa- Mucha gente
quiere salir. Hay muchos grupos organizados, colegios,
parroquias. Algunos salen durante todo el año
y tienen sus rutas establecidas. Otros salen ocasionalmente
y a veces nos llaman para que los orientemos dónde
ír".
Para Ossa, Navidad no es la mejor fecha para
visitar a su gente: "Es un día de
mucho dolor, frustración, recuerdos. Además
las personas que visitamos están con mucho
alcohol en el cuerpo" El Programa de la Calle,
que también incluye un trabajo diurno,
forma parte del área Hospederías
del Hogar de Cristo, que cuenta con hogares que
funcionan como lugares de tránsito para
que puedan vivir en ellas, esporádicamente,
adultos sin hogar.
De sus 200 voluntarios, 50 pertenecen al Programa
de la Calle. Entre ellos hay personas de distintas
edades y estratos sociales, que respetan la opción
de vivir en la calle desde una perspectiva abierta
y no paternalista. "Nuestra función
es apoyarlos y darles las herramientas para manejarse
mejor en el sistema, si es que quieren hacerlo",
afrima Ossa.
La calle es de todos
Se estima que sólo en la ciudad de Santiago
hay cerca de 20 mil personas que viven en la calle.
Las cifras en la comuna de Santiago, hablan de
2 mil. Factores sociales, existenciales, psicológicos,
físicos, emocionales y materiales se combinan
para determinar esta forma de vida. "Cosas
familiares, situaciones conflictivas, crisis que
no fueron resueltas de la manera más adecuada,
discriminación social y racial -reseña
Ossa-. Hay muchos mapuches, indocumentados de
Bolivia y Perú, familias completas que
se vienen del sur y no les resulta, gente con
antecedentes, gente que sale de la cárcel
y no encuentra trabajo. Factores de salud mental,
drogas, alcoholismo, pobreza crónica. En
general es una mezcla de la indigencia con la
exclusión social".
Desde su punto de vista, los chilenos tenemos
la imagen del "pobre viejito", que responde
a un falso estereotipo: " En realidad hay
gente joven, que ha llegado ahí por distintos
motivos. Hay gente tan deteriorada, que parece
anciana y no lo es.-explica Ossa- Nuestra mirada
es discriminadora en los dos sentidos: los vemos
como pobrecitos, con una actitud paternalista,
desde arriba, o bien los miramos con miedo"
Para él, más que hacer una actividad
determinada, lo importante en Navidad, es abrirse
a esta realidad diferente e integrarla. "La
calle es de todos. Hay gente con problemas psiquiáricos,
gente agresiva, pero otra muy buena, que llegó
ahí por problemas de otro tipo, de vida".
Un asunto que no es ajeno a las políticas
culturales y patrimoniales. "Hay que plantearse
cuáles son los espacios que los centros
culturales pueden brindar a la gente de la calle
sin que dejen de ser de la calle". La responsabilidad
social colectiva en este tema, aparece como la
clave para un verdadero cambio en la cultura solidaria:
"A veces la gente nos llama para buscar a
alguien que está en la calle, pero nuestra
misión no es solucionarle un problema a
ese vecino que no quiere tener a alguien que le
afea el lugar. A veces nos llaman por que un anciano
se ha accidentado, y nosotros les decimos que
llamen a la ambulancia, que es más útil.
Muchos se lo toman mal. Falta un compromiso social,
que la sociedad asuma que esto existe".
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