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Formada en la Escuela Fotoarte,
de la imagen fija pasó
al movimiento con sus primeros
cortos de ficción: El
vuelo de Juana, El Sueño,
El Canto Olvidado. Luego vinieron
El Puerto y Desierta, donde
entra de lleno en el género
documental, retratando la realidad
de un pequeño pueblo
en España, en el que
vive media docena de ancianos
aislados e ignorados. "Es
sobre el abandono, la muerte,
la vejez. En España sorprendió
mucho. Porque allí pasa
lo mismo que en todas partes:
No ven lo que tienen más
cerca". En sólo
tres años como documentalista
se ha consolidado entre las
más importantes del circuito,
presentando su trabajo en distintos
festivales y salas chilenas
y extranjeras A los documentales
ya nombrados se suman A nombre
de Jaime, sobre un niño
abandonado desde su nacimiento
en un pabellón de tuberculosos,
del cual Verónica hizo
un seguimiento hasta su muerte,
a los 19 años, e incluso
le enseñó a usar
la cámara, y Chile traspuesto,
estrenado el año pasado,
que indaga en los orígenes
de la poesía y la música
popular tradicional a partir
del estudio del canto a lo humano
y lo divino. Un mundo que no
es ajeno a esta hija de un cantante
de tangos y boleros que desde
niña aprendió
a bailar la cueca en su familia
de origen campesino.
"Creo que la fotografía
y el documental se hermanan,
ambos tiene que ver con el registro
del tiempo, de la época
en la que me tocó estar.
Tiene que ver con la memoria
en general y con mi propia memoria
en particular. Porque yo olvido
las cosas de una manera horrorosa,
y el alzheimer es una constante
en mi familia. Ahora tengo a
mi papá completamente
ido", señala la
artista. Una memoria cuyo abordaje,
desde la condición femenina,
es decisivo: "Soy mujer
y veo desde el punto de vista
de una mujer, aunque no tengo
un discurso feminista. Sin embargo,
mi trabajo, sobre todo Desierta,
El vuelo de Juana y El canto
olvidado, es claramente feminista".
Una opción que se consolida
en sus últimas realizaciones.
En paralelo al documental sobre
la violencia contra las mujeres,
realiza uno sobre los movimientos
de mujeres y grupos feministas
que ha habido en Chile, a partir
de finales del siglo XIX, pasando
por la lucha por el voto femenino
y los movimientos de mujeres
durante la dictadura militar.
Respecto a los aires de optimismo
femeninos reinantes en Chile,
auspiciados por la elección
de la primera Presidenta mujer
de nuestra historia, Verónica
se muestra cautelosa: "Efectivamente
cambian las percepciones, es
un símbolo importante.
Especialmente para las más
jóvenes, las chicas a
quienes siempre se les dice
que su campo de acción
es reducido. Por otra parte,
estamos insertos en un sistema
patriarcal, injusto. Y está
la embarrada a niveles que no
imaginamos. De todos modos es
bueno que haya un empoderamiento.
Es necesario. Pero, por lo que
veo hoy, soy más pesimista
que optimista. Tienen que pasar
demasiadas cosas. No basta con
que haya una señal de
que las mujeres podemos hacer
cosas importantes".
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