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Verónica
Quense: La voz del abandono
Ni la escasez de espacios donde
difundir sus obras; ni el nulo
interés de las cadenas
televisivas que le han respondido
al unísono que "sólo
compran documentales extranjeros";
ni su trabajo como fotógrafa
publicitaria; ni su hijo de
diez años, son obstáculo
para que Verónica Quense
se lance en su camioneta, cargada
con la cámara que ella
misma opera, a un lugar tan
desolado como Alto Hospicio
en busca de las huellas y testimonios
para construir el relato audiovisual
que la ocupa, sobre la violencia
contra la mujer y el femicidio.
"Es un drama nacional,
al cual el Estado no da respuesta.
Son horrorosas las cifras de
mujeres que mueren asesinadas
por parejas o convivientes.
El caso de Alto Hospicio es
emblemático. El Estado
se ha lavado las manos. Las
mujeres pobres y las más
jóvenes son las más
susceptibles de ser asesinadas.
El sistema no las protege. Es
un trabajo en el que estoy dejando
las tripas", explica Quense.

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Autonomía e independencia
avalan la obra audiovisual de
esta fotógrafa publicitaria:
"Me financio con la fotografía
y no dependo de fondos. No contrato
equipos ni camarógrafos.
Yo hago todo: la cámara,
la edición. Entonces
no tengo mucho gasto. Y como
pan con queso", dice esta
inagotable, multifacética
y fructífera artista,
avecindada en San José
de Maipo desde donde viaja a
Santiago diariamente. Además
de la foto y el video, ha incursionado
en el collage, cultiva la poesía
(este mes publica su segundo
libro) y tiene un taller de
muebles de maderas antiguas
y nativas recuperadas, los que
vende en una tienda ubicada
en la misma casona de Ñuñoa
donde funciona su productora
y estudio fotográfico.
Una empresa que cuenta no sólo
con cámaras, sino también
con editora y post producción
de audio.
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