Gracias
y por culpa del carbón,
la pequeña aldea agrícola
de Lota, fundada en 1662 bajo
el nombre de Santa María
de Guadalupe, se transformó
en un enclave minero, polo de
desarrollo industrial y, más
tarde, testigo silencioso del
abandono, que intenta recuperar
su dignidad, a través
de su rico y atractivo patrimonio
histórico.
Antiguos
pallones mineros.
Revisa
el álbum
Ubicada a 9 kms. al sur de la
ciudad de Coronel, Lota fue fundada
el 12 de Octubre de 1662, por
el Gobernador español Don
Ángel de Peredo con el
nombre Santa María de Guadalupe.
Su nombre se cambió luego
a Lota, del mapudungú Louta,
que significa "aldea pequeña".
Siendo originalmente agrícola,
su actividad productiva se enfocó
en las minas de carbón
desde mediados del siglo XIX,
creciendo su población
y siendo declarada ciudad en 1875.
La explotación minera artesanal
experimenta un giro radical cuando
Don Matías Cousiño
compra, en 1852, las tierras donde
establecería la industria
del carbón. Es a través
de la dirección de la familia
Cousiño que Lota llegó
a ser conocido nacional e internacionalmente
como un polo de desarrollo económico.
Si hasta 1860, carruajes a caballo
extraían el carbón
desde los túneles bajo
el mar, Cousiño, con el
apoyo de expertos mineros europeos,
introdujo los motores a vapor
para la extracción y ventilación,
con líneas de ferrocarril
construidas dentro y fuera de
las minas, hacia los muelles portuarios.
Esta evolución conduce
a un crecimiento explosivo de
las minas en la zona de Lota.
La Compañía Explotadora
de Lota y Coronel (usó
ese nombre desde 1870 a 1904),
sucesora de la Sociedad Cousiño
e Hijos (1857-1869) empleó
a 2.200 trabajadores en 1882 en
siete minas bajo el mar. Las minas
de carbón estimularon el
desarrollo económico en
toda la región y dieron
origen a otras aldeas y ciudades
tales como Coronel y Curanilahue.
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