Tras
más de una década
de iniciado su trabajo retratando
a los kawesqar de Tierra
del Fuego, la fotógrafa
Paz Errázuriz plasmó
en el libro "Kawesqar,
hijos de la mujer sol"
el espíritu de los
últimos miembros
de esta etnia en extinción.
Parte de estas imágenes
ya habían sido expuestas
por la artista en la exposición
"Nómadas del
Mar", en el Museo Nacional
de Bellas Artes y también,
algunas fueron recogidas
en su muestra retrospectiva
en la sala de Fundación
Telefónica.
Por Rosario Mena |
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Desde 1994
hasta 2002 la destacada fotógrafa
chilena Paz Errázuriz,
se dedicó a retratar
a los últimos representantes
de la etnia kawésqar,
también conocidos como
alacalufes, la única
que subsiste de todas las culturas
originarias de Tierra del Fuego,
cargando con la "dramática
condición de grupo étnico
en extinción". Con
textos del etnólogo Oscar
Aguilera, este trabajo es recogido
en el libro "Kawesqar,
hijos de la mujer sol",
(Lom 2007).
"He querido hacer una pequeña
historia fotográfica
sobre las últimas personas
de raza pura de la etnia kawesqar",
señala la artista. El
modo en que concibe su oficio,
como un pacto entre fotógrafo
y fotografiado, determina en
gran medida la escenificación
de los retratos, que ella califica
de "solemnes", y en
los que aparecen "las personas
que quisieron que yo las fotografiara".
Varios de ellos hoy fallecidos
y a quienes presenta sus respetos,
dedicando su trabajo a la kawesqar
Fresia Alessandri Baker: "Fue
ella quien me dirigió
la mirada hacia esos canales
y luego hacia las demás
personas de su pueblo, la Patagonia
occidental chilena".
Fue el conocimiento de la existencia
de Fresia Alessandri, lo que
condujo los pasos de la fotógrafa
a Puerto Edén, una de
las últimas alacalufes,
que vivía aislada en
una reserva. "Lo que me
cautivó fue el hecho
de que fuera mujer y, además,
vieja. Una navegante solitaria
que ha tenido un instinto tremendamente
fuerte de sobrevivencia. No
se dejó contaminar por
nada y no la manda nadie",
ha señalado la artista.
"Paz en esta obra juega
con las emociones del observador
a través de estas imágenes
desplegadas, pues surgen sensaciones
a los ojos de quien las observa
y les da un sentido y significado
particular", dice Aguilera
en su presentación, destacando
que cada uno de los retratos
de la artista encierra toda
una historia. El libro incluye
imágenes del paisaje,
con el fin de contextualizar
a los personajes en su singular
y extremo medio ambiente, e
invitar a penetrar en su mundo
desconocido. Su mirada revela
la feroz paradoja de la existencia
de quien es conciente, en pleno
siglo XXI, de la muerte de su
cultura y su historia.
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