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Conocida por su trayectoria
en arquitectura y decoración,
con imágenes publicadas
en revistas como Paula y Ed,
la fotógrafa Ana María
López dedica el lado
más independiente de
su quehacer profesional al retrato.
Un género que trabaja,
en blanco y negro, y con un
método que parte de la
limpieza de elementos, para
rescatar el espíritu
de las familias que la invitan
a entrar en sus casas para capturar
las mejores caras del grupo
y sus integrantes. "Me
encanta la idea de rescatar
la costumbre de retratarse en
familia. Primero hay una conversación
en la que yo les propongo una
fórmula muy limpia. Parto
retratando al grupo con un vestuario
mínimo y lo más
neutro posible, generalmente
poleras blancas, sin zapatos.
Y después les voy haciendo
distintos retratos, a cada uno
de los miembros, con la ropa
que a cada uno le gusta. Yo
me traslado a la casa de ellos
y monto un pequeño estudio
en donde hago la primera sesión.
Y después hago otras
fotos en distintos espacios
de la casa, lugares comunes
y personales. Se consiguen fotos
que reflejan muy bien el estilo
de cada uno y de la familia".
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