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En opinión de Guerrero,
las raíces peruanas de Iquique, se hunden
profundamente en su idiosincracia, a pesar de
los intentos de borrarlas, que han incluido agresivos
métodos: "En la década de los
10 y los 20, Las Ligas Patrióticas (grupos
de civiles fascistas) expulsan violentamente a
los peruanos. Pero, la peruanidad es algo que
el proceso de ocupación no ha logrado borrar.
Esta presente en las comidas, en la música
y en los bailes. Sólo a partir de algunos
años atrás, se ha empezado a valorar,
por parte de ciertos intelectuales iquiqueños,
la historia peruana. Es el caso de Sergio González,
Mario Zolezzi, Pedro Bravo Elizondo, Carlos Donoso,
entre otros".
Pero las particularidades en la identidad cultural
de Iquique, van más allá de su pasado
peruano, e involucran una serie de elementos diferenciadores:
"El hecho de habitar un territorio único
en sus componentes geográficos: el desierto
más árido del mundo y desarrollar
una sociabilidad cosmopolita, que nos llevó
a dominarlo y transformarlo en un territorio humano.
El haber vivido la modernidad salitrera de principio
de siglo XX, que llevó a instalar en Iquique,
fenómenos tales como el nacimiento del
movimiento obrero, las luchas anticlericales (católicos
versus masones), las grandes huelgas obreras (21
de diciembre de 1907); existencia de una prensa
obrera y otra empresarial: editoriales de todo
cuño, etc, creó una identidad fundada
en la apertura al mundo. No hay iquiqueño
que no tenga amigos o parientes chinos, croatas,
ingleses, italianos, españoles, etc. Tenemos
una identidad paradojal, somos chilenos, pero
no vibramos con los símbolos construidos
desde el centro: el huaso, la tonada, las espuelas,
los Huasos Quincheros, etc. La música andina
la escuchamos con devoción, pero no nos
hace menos chilenos. Tenemos, por último
una mirada de desconfianza con respecto al centralismo.
Y eso está justificado en la historia de
nuestra región. El complejo de la Cenicienta.
El iquiqueñismo es una ideología
y como tal tiene sus ismos. El peregrinismo, somos
devotos de la Virgen del Carmen; el campeonismo,
somos Tierra de Campeones; el sorismo, tenemos
el Alcalde más votado de Chile y el único
que ve a Iquique en sus relaciones con los países
vecinos, y que desafía al centralismo".
El proceso de chilenización, según
Guerrero o de "socialización política"
como lo nombra Juan Podestá, ha ignorado
las singularidades en la identidad cultural de
Iquique, identificándola en forma simplista
con lo peruano y lo andino. "La modernidad
o chilenización, ha redundado que los escolares
entonen la canción Noche oscura nada veo...
y que ignoren el amplio repertorio del patrimonio
musical iquiqueño (Las canciones del Chumbeque
a la Zofri es un intento por recuperar ese historia).
Cambiarle el nombre a las calles lo hizo también
el régimen militar de Pinochet. En Iquique
las calles tienen hasta cuatro nombres. Ahora
último, en pleno gobierno de la Concertación,
se le cambio de nombre a una playa: de Playa Peruana
se llama ahora Ike-Ike. La gente, la sociedad
civil, le sigue llamando con su nombre original".
El tema del Bicentenario y su importancia como
perspectiva cultural en lo que se refiere a identidad
y patrimonio, es algo ajeno para los iquiqueños:
"La idea del bicentenario en Iquique es sólo
eso una idea que circula en ciertos ambientes
intelectuales, pero en la sociedad civil, en la
vida cotidiana nada se sabe. Para nosotros, los
iquiqueños, el bicentenario es una especie
de celebración del Chile Central. El norte
es chileno sólodespués del 1879.
La gesta de la Independencia, sus héroes
y sus mil batallas nos llegan por el proceso de
chilenización: educación, servicio
militar obligatorio, etc. Pero, repito, son hechos
que marcan a una zona de Chile que poco tiene
que ver con el norte grande. Tal vez el Bicentenario
habría que celebrarlo cuando se cumplan
los doscientos años del Combate Naval de
Iquique".
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