|
En
el lugar sobre el cual a comienzos
de siglo existió el lodo,
el desecho y los escombros que
los habitantes de la ciudad
despojaban, ahora existe "la
obra arquitectónica y
urbana más destacada
del siglo"(1). Se trata
del Museo Nacional de Bellas
Artes, un espacio de estilo
neoclásico francés,
que surgió ante el requerimiento
de un lugar adecuado para el
desarrollo artístico
del país y ante la necesidad
de construir un símbolo
perdurable, como parte de las
celebraciones del centenario
de nuestra Independencia.
Por Paula Fiamma
 |
Nuestros
artistas tienen una regia
casa, ese Palacio que reúne
todas las comodidades y
los adelantos en la materia,
además de la armonía
y belleza de su construcción.
Dentro de su recinto se
cree estar en Europa, y
al asomarnos por los amplios
ventanales por donde se
filtra la luz suave propicia
á los cuadros, vemos
las cordilleras de los Andes,
todo el hermoso paisaje
de nuestro suelo. La fecha
de ayer es grande y se señala
el día y la mejor
y más intelectual
de todas las fiestas de
nuestro centenario.
El Diario Ilustrado, 22
de septiembre de 1910. |
Los terrenos
baldíos que quedaron
luego de los últimos
trabajos de canalización
y relleno del río Mapocho,
en su ribera sur en 1892, fueron
los escogidos para el levantamiento
de la escuela y el Museo de
Bellas Artes. Según Alberto
Mackenna, la superficie escogida
(de 24 mil metros cuadrados)
era un espacio "destinado
al cachureo, en el cual se confundían
los perros vagos, los puercos
en busca de desperdicios y las
mujeres del pueblo que ganaban
la vida en esa tarea tan baja
(...)"(2).
|