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El territorio
que hoy constituye la región
de Arica y Parinacota, fue desde
hace 10 mil años, un
espacio de encuentro de diversas
comunidades humanas que fueron
capaces de convivir y prosperar
en medio del desierto, entre
el océano y el altiplano,
por donde transitan caminantes
que se desplazan entre norte
y sur o subiendo y bajando entre
la cordillera y el mar a través
de valles transversales y quebradas.
La Cultura Chinchorro, surge
en las costas de estas tierras
desérticas como una de
las más tempranas de
América del Sur y sus
vestigios poseen un valor arqueológico
único a nivel universal.
Su complejo y particular arte
de momificación artificial
de sus muertos, antecede en
más de dos mil años
a las famosas momias egipcias
siendo sus momias Chinchorro
consideradas las más
antiguas del mundo. La sencilla
sociedad chinchorro, compuesta
por grupos de pescadores-recolectores,
desarrolla, sin embargo, una
compleja estructura simbólico-espiritual
que se traduce en prácticas
funerarias de alto nivel artístico-tecnológico,
como la preparación artificial
de los cuerpos momificados,
transformados en verdaderas
obras de arte.
Entre los años 500 y
1.000 d.C., se expandirá
en nuestro territorio la cultura
Tiwanaco, Tiwanuku o Tihuanacota.
Hacia el 800 d.C., la influencia
de Tiwanaco y su expansión
al actual sur peruano y norte
chileno, se sentía prácticamente
en toda el área Centro
Sur Andina, influyendo con su
esplendor y sus nuevas tecnologías
expresadas en la agricultura,
los tejidos y la artesanía
con figuras de animales y humanas
a todo el territorio actual
de la región, aportándole
una nueva visión cosmogónica.
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