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Santos
Rubio y Osvado "Chusto"
Ulloa son los únicos
dos guitarroneros que pueden
jactarse de pertenecer a la
generación original de
intérpretes del guitarrón,
aquella de una profunda vocación,
críada en Pirque y que
conoce todos los secretos de
uno de los pocos instrumentos
que puede considerarse típicamente
chileno y realmente nuestro.
Por Marisol García
Osvaldo
Ulloa, Acompañando
a su padre Manuel Ulloa
Cortés.
Fotografías: "El
guitarrón chileno.
Herencia Musical de Pirque",
Cd compilatorio, Proyecto
FONDART de Mónica
Pedreros Zúñiga,
Alfonso Rubio y Roberto
Contreras, 2000.
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El primer
impacto de José Pérez
de Arce con el guitarrón
chileno fue visual. El musicólogo
y dibujante autodidacta (museógrafo
del Museo de Arte Precolombino)
se ocupó hacia 1979 en
las ilustraciones del libro
Oyendo a Chile, una estupenda
investigación que escribió
Samuel Claro Valdés sobre
el recorrido sonoro nacional,
y desde entonces no dejó
de pensar en tener algún
día entre sus manos a
tan curioso instrumento de cuerda,
único en el mundo.
"No podía creer
que existiese un instrumento
así", recuerda.
"Me conseguí unas
grabaciones de el folclorista
Santitos Rubio, que era un personaje
absolutamente mítico,
y llegó un minuto en
que lo contacté. Mandé
a hacerme un guitarrón
y le pedí que me enseñara.
Ahí empecé a tener
clases con él".
Su atracción es comprensible.
El guitarrón chileno
es, efectivamente, un instrumento
muy raro. 25 cuerdas (cuatro
laterales afinadas en los acordes
principales, y el resto organizadas
en cinco "ordenanzas")
dispuestas de acuerdo a un orden
peculiar entre aquellas hechas
de nylon y metal; las cuales,
además, mantienen diferentes
grosores. Esta diversidad permite
que el punteo se escuche como
si hubiese al frente varios
instrumentos a la vez ("sonoro
instrumento" o "suena
como una orquesta", se
dice sobre él). Su hermoso
sonido y la interesante tradición
que sustenta hace casi inentendible
la falta de documentos sobre
su historia. Del guitarrón
no se conoce su origen ni casi
ningún dato sobre su
desarrollo previo a la década
de los '60. Dentro del esfuerzo
por su difusión entre
los chilenos se encuentran los
de Violeta Parra y Víctor
Jara, quienes lo integraron
en algún momento a sus
propias grabaciones yendo a
la fuente misma de su interpretación,
los círculos de guitarroneros
de Pirque, en la zona central
de Chile.
El guitarrón es hoy un
instrumento de interés
creciente entre los jóvenes,
y que mantiene características
únicas de identidad campesina.
Su esencia es inseparable de
las tradiciones de los llamados
"Canto a lo divino"
y "a lo humano", tradiciones
artístico-religiosas
típicas de nuestra ruralidad.
Los guitarroneros consideran
al instrumento como un objeto
sagrado. De hecho, cada vez
que se fabrica uno suele "bautizársele"
en una ceremonia especial a
la que acude un sacerdote.
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