Mientras
en la actualidad se acusa a
las principales cadenas farmacéuticas
de controlar los precios y de
limitar la venta de ciertos
medicamentos, recordamos la
historia de la antigua farmacia
de Concepción, donde
el trato personalizado era la
mejor receta.
Por Andrea Torres Vergara
Fundada en 1951 por María
Maluje David, farmacéutica
descendiente de emigrantes sirios,
el establecimiento se instaló
al principio en la intersección
de las calles Maipú y Tucapel.
Los amplios conocimientos profesionales
y el legendario carisma de su
dueña, rápidamente
impulsaron el negocio y, seis
años después, doña
María y su marido, el abogado
Luis Contreras, hicieron construir
el edificio que alberga departamentos
privados y el local de la farmacia
–en doble altura–,
en Tucapel 676.
La construcción consideró
la doble altura pensando en la
ejecución del mural que
abarca los dos muros laterales
y el fondo sobre la estantería,
y que aún puede verse desde
la calle. Se trata de La historia
de la medicina y la farmacia en
Chile y fue realizado por el artista
Julio Escámez en 1957.
Según el plano regulador
de la comuna de Concepción,
se trata de un inmueble de conservación
histórica, con categoría
cultural, bajo cuya denominación
debería conservarse.
El mural simboliza los diversos
estadios culturales, sociales
y temporales de la historia de
la medicina en Chile, desde las
formas de curación y hábitos
del pueblo mapuche, sus costumbres
de vida y rituales de curación;
pasando luego por los métodos
utilizados tras la Conquista,
durante el período colonial.
A continuación se representan
estudios científicos y
análisis de laboratorio,
hechos por médicos y enfermeras
de la época. Por último
se ve a la enfermera frente a
un cúmulo de personas que
avanzan en distintas direcciones.
Esta combinación entre
el conocimiento originario y los
métodos profesionales,
entre la farmacia alópata
y la prescripción homeopática,
marcó también la
historia de la farmacia Maluje,
que funcionó por más
de cincuenta años con este
sello. Su dueña se dedicaba
no sólo a preparar los
medicamentos, sino que también
revisaba y recetaba a los enfermos
que acudían directamente
a ella para tratar sus dolencias
y que, de ser necesario, podían
llevarse las medicinas sin pagar
por ellas en el momento. El tratamiento,
sin embargo, debía ser
disciplinado: era conocida la
mano dura de doña María
ante el descuido de sus pacientes.
Pese a su carácter fuerte,
la dueña de “la Maluje”
aún es recordada con cariño
por los vecinos del sector, quienes
reconocen, eso sí, que
su ánimo nunca fue el mismo
después de la desaparición
de su hijo Carlos Contreras Maluje
en 1976, víctima de la
dictadura.
En febrero de 2007 la Farmacia
Maluje dejó de funcionar,
tras 56 años de actividad
ininterrumpida. En el local hoy
funciona la Droguería Alemana,
que cuenta con tres locales en
la Región del Bío
Bío.
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