Activismo artístico
El golpe militar de 1973 “radicalizó”, según ella misma reconoce, la postura política de esta gestora cultural que jamás ha militado en un partido. “Me tiró hacia la izquierda. Antes del golpe era más afín a la Democracia Cristiana, algo así. Pero cambié cuando vi como llegó la gente exiliada, y la que no llegó…”. En Francia, donde están la Payita, Rojas Mix, Balmes y Mario Pedrosa, se crea un “secretariado” para coordinar las donaciones que los artistas de los distintos países de Europa seguían entregando “en solidaridad con el pueblo de Chile”. Carmen se hace cargo de España, recibiendo obras de artistas tan importantes como Miró y Tapies, entre otros, al tiempo que colabora en Francia, donde vive su hija Pilar.
En Madrid, Carmen ha organizado importantes exposiciones, como la de Rufino Tamayo y la de Roberto Matta, residente en París, mientras mantiene sus galerías de Santiago y Buenos Aires. Es un día de 1976, cuando recibe el recorte de una nota aparecida en el diario La Nación de Buenos Aires, agradeciendo a su galería, por el préstamo, que ella desconocía, de obras instaladas en oficinas ministeriales de la dictadura militar de Videla. Ese mismo día, Carmen decide dejar su sala en Buenos Aires. “Ahí yo me di cuenta de que no podía seguir manejando esto a la distancia, además, los artistas argentinos ya estaban aburridos. Ya no podía ser lo mismo”. En Managua, a principios de los 80, trabaja estrechamente con Ernesto Cardenal como Ministro de Cultura, organizando y dirigiendo el Museo de Arte Contemporáneo Julio Cortázar. La acompaña en Centroamérica su hija María José, con quien regresa a Chile a mediados de los 80, para crear la Casa Larga, en Bellavista.
Allí, Carmen quiso plasmar los sueños compartidos con los chilenos exiliados, durante más de una década en el viejo continente: “Me vine a Chile en el ‘84. Hay un momento en el que tienes que decidir: o te quedas para siempre afuera o vuelves. En Europa, todos los años nos juntábamos los chilenos, en una ciudad u otra: en Paris, en Estocolmo, en Roma…Y siempre decíamos que haríamos algo cuando volviéramos. Me acordé de eso y compré la casa. Fue una experiencia preciosa, ahí se hizo de todo. Todo el mundo tenía la posibilidad de hablar, gente de derecha y de izquierda. Hice exposiciones con gente joven de los 80: Bororo, Samy Benmayor, Pablo Domínguez, la Pancha Núñez”. En el espacio confluyeron personalidades de variados sectores de la sociedad en encuentros, exposiciones y presentaciones de libros, siendo considerado por muchos como un importante germen cultural para la reconciliación democrática.
Historia de batallas
El año ‘91 Carmen Waugh asumió la dirección del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, entonces ubicado en la calle Virginia Opazo de Santiago Centro. Su primera misión era lograr traer desde el extranjero las 1800 obras donadas a los Museos de la Resistencia, empresa que asume la recientemente creada Fundación Salvador Allende, con miembros de la familia, amigos y personalidades vinculadas al ex presidente y su gobierno. “Era la única forma, que lo hiciera una Fundación sin fines de lucro, que recibía las obras como donación, y así se evitaba un pago de impuestos que era inmenso”. El segundo desafío era llevar al nuevo museo las obras que habían sido donadas antes de 1973 y que estaban guardadas en el Museo de Arte Contemporáneo, dependiente de la Universidad de Chile. “Entonces, Jaime Lavados, que era el Rector, sostenía que las obras pertenecían a la Universidad. Con Ricardo Lagos como Ministro de Educación hicimos muchas gestiones, con cartas, con fundamentación, para que fueran declaradas propiedad del Estado. Y esto lo hizo el Presidente Aylwin, a través de un decreto. Isabel Allende fue quien habló personalmente con él”.
Una tercera batalla, que Carmen libró desde que asumió la dirección del Museo, fue la encaminada a lograr que el Estado, y no la Fundación, fuera el propietario de todas las obras que llegaron de Europa desde principios de los 90. Sus esfuerzos dan resultado bajo el gobierno de Lagos, en 2005, con la creación de una Corporación que incluye representantes del Estado, como propietario de las obras, y representantes de la Fundación, como administradora. Acto seguido Carmen fue cesada en su cargo de Directora del Museo, junto a todo su equipo. “Di una pelea muy dura, que molestó a la Fundación. Y me imagino que ese fue el motivo de mi despido. Incluso se hicieron cartas de los artistas chilenos, que le dicen a la Fundación que este es un patrimonio del pueblo de Chile. Hoy día quizás no importa mucho, pero qué pasa en 20 años más, si no están allí la Payita o la Isabel. Ahí comienza el negociado con los Miró, con los Tapies, cuadros millonarios, como el Frank Stella… Ahora no se puede vender nada. Y me doy por satisfecha. Ahí termina la historia mía en el Museo. Fue muy duro”.
Sin embargo, la exhibición de esta colección quedaría en su biografía como la más significativa de toda su carrera. Realizada en 2001 en el Museo Nacional de Bellas Artes, por primera vez reunió y mostró a todos los chilenos las obras de los artistas más destacados del mundo, donadas por ellos mismos al pueblo de Chile, en solidaridad con el proyecto socialista liderado por el ex Presidente Salvador Allende. Se desempolvaron, entonces, los cuadros guardados en el Museo de Arte Contemporáneo –gracias al préstamo realizado por la Universidad de Chile, a cargo de su custodia en aquél tiempo- a la vez que se desembalaron las obras que comenzaban a llegar a Chile desde Francia, Suecia y España, países en los que, al igual que en otros de Europa, se habían almacenado durante el gobierno militar, gracias a los llamados “Museos de la Resistencia”, creados para continuar la colección solidaria tras el golpe de 1973. “Al fin se habían juntado las obras y la gente en Chile podía ver, por primera vez, un Miró, un Vasarelly, un Tapies, un Wilfredo Lam”.
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