Vanguardia trasandina
Paralelamente, Carmen abre en Buenos Aires, en 1969, la galería que lleva su nombre y que dirige hasta 1976. En ella participan los más destacados artistas trasandinos contemporáneos. “Yo encontraba que aquí había topado techo y unos amigos argentinos me propusieron abrir una galería. En Buenos Aires habían cerrado el Di Tella (Instituto que contaba con un destacado Centro de Artes Visuales) y las galerías que había eran muy tradicionales. Armamos un espacio muy de vanguardia. Poco comercial. Era muy bonito, muy entretenido, se hacían muestras muy locas. Ahí expusieron los más importantes artistas de Argentina. Mis galerías tenían que generar dinero para mantenerse, y poder hacer las cosas que me motivaban, no para hacerme rica”. Separada y madre de tres hijos, se las arregla para viajar y trabajar en ambas ciudades: “Andaba entre Santiago y Buenos Aires, a cada rato, me gustaba atravesar la cordillera en auto”.
Tan significativa trayectoria, sin duda avala su conocimiento del oficio del galerista y su claridad acerca del rol que éste cumple en el contexto de los espacios de exhibición, sin embargo, Carmen no se apura en emitir juicios, optando por asumir que “los tiempos han cambiado mucho”. Percepción que no le impide valorar el trabajo realizado por personas como Tomás Andreu, en contraste con cierto galerismo más superficial: “Creo que Andreu ha hecho una labor estupenda. Te muestra un artista consagrado, incluso trae gente de afuera, y te pone a un joven al lado. En cambio, otros se dedican sólo al negocio, y se guían por lo social, por el esnobismo: si fulana tiene un cuadro de tal artista, yo tengo que tener el mismo. El galerista tiene que combinar. Tiene el deber de mostrar lo que está surgiendo y financiarse con artistas de mayor renombre”.
Latinoamérica en el mundo
En la década del 70, Carmen Waugh es contratada por la Universidad de Chile para formar parte del Instituto de Arte Latinoamericano en Santiago, entidad desde la cual saltaría rápidamente a Europa. En Madrid, dirige la conocida Galería Aele, donde logra introducir importantes artistas latinoamericanos en el circuito europeo, al tiempo que ejecuta un archivo sobre arte latinoamericano para el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Durante los últimos 6 años de esa década, fue la responsable del Museo Salvador Allende en España y representante de Roberto Matta para ese país y América Latina. “Cuando sale elegido Allende me pongo a trabajar como relacionadora en el Instituto de Arte Latinoamericano. Estaba Rojas Mix y un señor maravilloso, Mario Pedrosa (historiador brasilero), a quien se debe el Museo de la Solidaridad. Se hacían varias actividades, bastante políticas, con gente de Latinoamérica, fue muy bonito. Fueron los primeros intentos de generar una escena del arte latinoamericano”. Esfuerzos que se esfumarían con las dictaduras militares que pronto se establecen en los distintos países de la región.
Es Pedrosa quien envía a Carmen a Madrid a formar la colección del Museo de la Solidaridad, cuyo receptor era el Instituto. Y allí es donde la contacta Manuel Ulloa, un adinerado coleccionista peruano, quien le propone montar una galería de arte latinoamericano en la capital española. “Era la entrada de los artistas a Europa y no había ningún lugar para ellos. En París, sí. A fines del ‘72 ya tenía el local. Me fui a vivir a Europa, a España, con mis hijos. Yo pensaba estar un par de años y seguir moviéndome entre Santiago y Buenos Aires. Pero allá me pesca el golpe y me quedo. Cuando yo llegué, a los españoles les importaba un cuesco lo que era latinoamericano, sólo les importaba el arte español. Al abrirse esa galería se armaron grupos entre los españoles y los latinoamericanos, después se abrieron otras galerías. En Francia estaba Julio Le Parc, y posteriormente Estados Unidos comenzó con ferias, bienales…”.
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