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¿Recuerdas otro disco
con una formación así
de llamativa? Éste es
como el "We are the world"
de la cueca.
- No lo sé. Pero
sí te puedo decir, y
con absoluta honestidad, que
no es que estemos descubriendo
América. Mucha gente
se ha acercado a lo que podría
definirse como una cueca-fusión,
incluyendo a Los Jaivas, Víctor
Jara, la Violeta. Donde este
disco marca la diferencia, estimo
yo, es en que ha recuperado
elementos de la cueca urbana
con un cierto conocimiento de
causa.
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¿Lo dices por ti?
- Yo viví ese mundo de
niño: conocí a
Mario Catalán, a Humberto
Campos, siempre supe desde niño
quiénes eran Roberto
Parra y Nano Núñez.
He tenido toda mi vida ese vínculo
con la cueca. Entonces el unir
esa experiencia de vida con
esta experiencia ha sido como
hacer de puente entre una nueva
generación de músicos
y la tradición, y eso
me gusta y me enorgullece muchísimo.
- Lo interesante es que incluso
entre los participantes en el
disco hay folcloristas de escuelas
totalmente disímiles.
No sé si te asustaba
o no juntar a Manuel Sánchez
con Las Capitalinas, por ejemplo.
- Yo no creo mucho en el concepto
de folclore. Cuando alguien
me habla de folclore, inmediatamente
pienso en un cuadro didáctico,
como si estuvieran rescatando
algo del pasado para decirme:
"Así se hacía
esto". Creo en la música
popular, definitivamente, y
creo -siempre lo he creído-
que la cueca es música
popular. Desde ahí, no
tengo conflictos, al contrario,
de que en un disco de cueca
colabore Cristián Cuturrufo,
Claudia Acuña o los hermanos
Ilabaca, de Chancho En Piedra.
Yo puedo respetar mucho a un
investigador o profesor de folclore,
por ejemplo, pero es con los
músicos con quienes me
siento cómodo. Mi relación
con los músicos es de
cercanía permanente,
y desde ahí tomo distancia
de la barrera que pueda imponerte
el folclorismo en torno a que
si no muestras la música
como en sus orígenes,
no estás cumpliendo tu
rol.
Coinciden en lo esencial dos
de los participantes del álbum.
Manuel Sánchez, joven
guitarronero y payador (su nuevo
disco es Guitarrón a
lo chileno) dice sentir "una
gran cercanía con el
trabajo de Mario. Esa forma
libre es la única que
permite que las cosas en
este caso, nuestra música
no queden en el olvido. Sin
embargo, es una libertad consciente
de que lo primero es la pureza.
Para lograr despojarse de la
ortodoxia, primero hay que convivir
con ella, y creo que son procesos
que tanto Mario como yo hemos
vivido. Cuando nos juntamos
a grabar no hubo ensayos ni
nada de eso: simplemente hacer
lo nuestro con plena libertad,
Mario es un personaje intenso
y diverso, pero con los pies
bien puestos en la tierra, en
nuestra tierra, y eso se refleja
plenamente en su último
disco".
Pablo Ilabaca llega a la cueca
desde la plataforma inesperada
de Chancho En Piedra, popular
grupo con un pie en el rock
y otro en la música negra
estadounidense. Pese a ello,
su participación le parece
coherente con "mi interés
de siempre por la colaboración
entre músicos, por las
instancias en las que la improvisación
va dando luz a ideas. Mucho
mejor si la guía es la
cueca. Para mí la cueca
brava ha sido una escuela enorme,
como instrumentista y vocalista.
Cuando otros géneros
comienzan a hacerse predecibles,
es fantástico darte cuenta
de que al lado tuyo siempre
tuviste un tipo de música
que aún es capaz de sorprenderte
y asombrarte".
Existe una evidente continuidad
entre El ángel de la
cueca y el trabajo que ha venido
haciendo Rojas desde tiempos
de De Kiruza, el influyente
grupo que fundó junto
a Pedro Foncea hacia 1987, y
luego en discos solistas de
inequívoco trasfondo
urbano, como Musi-cachi-lena
(1997) o Sartén de estrellas
(2005). De hecho, algunos de
los músicos de su banda
estable, The Flaiting Project
(Federico Faure, Felipe Bravo,
Tilo González) son también
parte de esta grabación.
Pero hay también en el
disco desvíos de atrevimiento
llamativos incluso para un músico
tan curioso como Mario Rojas.
Dos de ellos pueden ser la nueva
lectura electrónica para
"Una rosa y un clavel"
(reconvertida en "Rosa
y clavel + Chalaila", y
guíada con swing por
la trompeta de Cristían
Cuturrufo) y el canto bilingüe
de "Con llave", a
dúo entre Rojas y Claudia
Acuña. La cueca brava
y el jazz huachaca más
convencional se asoman en "Por
San Pablo calle abajo"
y "La rueda de la vida".
Pero "convencional"
hasta por ahí no más.
La brújula estable de
todo el disco es un contundente
voto de autoconfianza que ante
cada ocurrencia parece ceder
el paso recordando: "¿Y
por qué no?".
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