¿De las gestiones?
No es tanto el trabajo musical, lo que me cansa es que aquí los músicos son tan pobres, que es muy difícil que tengas gente que te cumpla. Lo más espantoso de todo, cuando tú haces algo, es darte cuenta de que ese día tienes que ensayar tal escena y justo ese día la cantante no puede venir porque le salió un ‘cancheo’, la llamaron para cantar en tal parte y le van a pagar doscientos mil pesos y ella no puede perder los doscientos mil y es comprensible.
“Pero mientras estuve en Italia pasamos unas pellejerías horrorosas con la Violaine para mantener vivo el Instituto, yo creí que el conjunto se iba a terminar. Después cuando vieron que la situación era realmente dramática, se hicieron cargo y ahora [el Instituto] es de la Universidad Alberto Hurtado y Violaine mi sobrina es la que lo dirige. Yo me hice cargo el año pasado, todavía, de toda la parte extensión, pero yo quería un cargo que no me dieron en la Alberto Hurtado, entonces me retiré. Yo quería hacer la extensión musical del Instituto sin tener que depender de la Universidad, pero no se pudo. Cuando hice este trato pensé que iba a ser totalmente distinto, como fue antes en la Católica, cuando el conjunto era una cosa y la universidad lo mantenía, pero había libertad. Creí que iba a ser igual y yo entregué esto encantada a la Universidad Alberto Hurtado. Llegué de Europa con una serie de ideas, me había puesto de acuerdo con el gobierno de Torino allá en Italia y me habían ofrecido profesores para venir acá en un intercambio, además me habían ofrecido becas para los alumnos y cuando yo llegué e hice un pequeño discurso dije que traía todas estas ideas. Pero después me di cuenta de que no iba a poder hacer absolutamente nada”.
¿Y en qué quedaron entonces?
Finalmente llegamos a un acuerdo, con la Corporación (del Instituto de Música, de la cual soy presidenta) estamos preparando una pequeña ópera, hay una función que se le da gratis a la universidad y ellos nos facilitan la sala para poder ensayar la obra. El convenio que yo tengo con ellos, que es un convenio de usufructo, les permite por espacio de treinta años utilizar todos los instrumentos y la biblioteca con todo lo que nosotros juntamos a través del tiempo. Eso lo hice de buena voluntad, porque yo ya tengo muchos años y lo natural es pensar que un trabajo que costó tanto no quedé botado, que quede en una institución, ése era mi objetivo y ese objetivo se cumplió porque está dentro de la Universidad y ellos se hacen cargo de la música, de los instrumentos. Sino el instituto se habría muerto, en cambio siguen los mismos profesores, todo, en ese sentido yo estoy satisfecha. Al principio no, porque yo como soy tan activa quería seguir haciendo algo y como no pude hacerlo estaba muy decepcionada, pero ya pasó eso.
¿Y en qué está ahora?
Ahora tenemos esta pequeña ópera que se está haciendo y yo más que nada he vuelto a escribir música, escribí en Roma una misa completa, me faltaba el credo, que ya lo terminé, y ahora estoy preocupada de la instrumentación. El cardenal de Santiago, que es muy amigo de nosotros, me ofreció hacerla el próximo año para la Pascua de Resurrección en la Catedral, así que eso me tiene muy contenta. Y además estoy escribiendo mis memorias.
Tiene muchas cosas interesantes que contar.
Sí, empecé ahora, como vi que Gabriel escribía memorias dije ‘por qué yo no también’. Pero no tengo intención de publicar, las memorias las quiero escribir para que queden para mis hijos, para mi familia, contarles sobre mi experiencia musical, toda la gente que he conocido, los contactos que he tenido, las oportunidades. Me interesa contarlo, pero no para pasar a la posteridad. Generalmente los músicos viven muy aislados, no sabe uno lo que hace el otro, ésa es la verdad. Y como yo no he sido una persona que ha contado con demasiada plata para hacer lo que hacía, yo he hecho las cosas con mucha más energía, entusiasmo, vitalidad, amor por la música más que otra cosa. Yo no soy exhibicionista y no me interesa, nunca me preocupó demasiado, que hablaran de mi persona. Nunca di demasiadas entrevistas, entonces mucha gente no sabe hasta qué punto el trabajo que hice yo, y cómo movilicé gente. Pero ahora ya me quedo en mi casa, me dedico a componer, a escribir mis memorias y todavía estoy haciendo clases de canto, pero no sé hasta cuándo. Pero asesorías musicales sí me gusta, si me llaman por ejemplo para asesorar un grupo o para asesorar un concierto de música de cámara, eso posiblemente haré, pero nada más.