Precursor
del modernismo en Chile, embajador de las
vanguardias europeas, y creador del Museo
Chileno de Arte Precolombino, este arquitecto,
profesor y coleccionista, encarnó en
su persona la fusión del pasado y el
futuro, el arte y el negocio, la reflexión
y el placer. Su trayectoria y su mentalidad
son de una amplitud vertiginosa que hace de
su persona una figura inconmesurable.
Varios años de estudios en Europa fueron
el abono preciso para el alma y la mente del joven
Sergio Larraín García-Moreno, quien
a temprana edad comenzaba a absorver la esfervescencia
cultural de los años 20 en el viejo continente
y el espíritu rupturista de las vanguardias.
La libertad de pensamiento, la atracción
por la modernidad y la originalidad, la valentía
para apostar, son sellos que marcaron su personalidad
y deslumbraron a quienes lo rodeaban. Pero en el
ancho concepto de este hombre, el pasado y el futuro
se daban la mano inevitablemente.
El arte era el gran vaso comunicante y su pasión
por la creación visual lo convirtió
en amante, conocedor y prolífero coleccionista
tanto de la pintura y la escultura contemporáneas
como del arte precolombino. Los pueblos prehispánicos
se convirtieron para él en una verdadera
obsesión. "Esta sensibilidad era también
compartida por la vanguardia de su época,
que buscaba recuperar los sueños en las culturas
no occidentales. Artistas como Braque, Picasso o
Kandinsky, a quienes admiraba y conocía,
tenían una fuerte relación con el
arte africano y asiático", explica la
periodista Catalina Mena.
Grandes artistas nacionales como Roberto Matta,
Nemesio Antúnez o Sergio Valdivieso dieron
sus primeros pasos decisivos empujados por el apoyo
y la confianza irrebatible de este visionario maestro.
Al mismo tiempo, debemos a su generosidad uno de
los más importantes museos de Latinoamérica,
el Museo Chileno de Arte Precolombino, ubicado en
Bandera con Compañía. Su ojo clínico
preconizó la grandeza no sólo de artistas
chilenos de renombre sino de figuras de fama mundial,
como Dalí, Picasso y Giacometti, de quienes
adquirió obras a muy bajo precio a mediados
de los años 40, cuando recién se cotizaban
en el circuito artístico.