Artesana
de la lana, oficio
que realiza desde
el hilado, pasando
por el teñido,
hasta el telar, Rosario,
quien también
se destaca fabricando
canastos, desarrolla
múltiples labores
que le permiten sustentar
a sus hijos y, al
mismo tiempo, recorrer
distintos lugares
difundiendo la música
y la cultura chilota.
Empleada doméstica,
lavandera, vendedora
de empanadas y alimentos
típicos, aseadora
municipal, alercera
y agricultora y son
algunos de los trabajos
que desempeña.
La trilla, así
como la siembra y
la cosecha de la papa;
la extracción
de tejuelas de alerce,
que son trucadas por
papas, chicha, lana,
trigo o barriles de
vino; la cocinería,
la marisca y la pesca,
se combinan como formas
de ganarse la vida
y cultivar la tradición,
en el marco de un
sistema basado en
el autoabastecimiento
y el intercambio de
bienes. “Se
la veía con
su palde, su canastito
y el chal amarrado
a la cintura para
salir a mariscar”,
señala el testimonio
de un lugareño
que la conoció.
En las frecuentes
navegaciones, acompañada
de sus hijos, les
enseña la jerga
y las historias marinas
que ella conoció
en su niñez.
Rosario
Hueicha con
su agrupación.
Tejiendo el canto
Es en Achao donde
se inicia su carrera
artística,
de la mano de su
trabajo de artesana,
sin embargo, la
llegada no fue precisamente
fácil: “La
gente nos miró
como oveja de otro
corral. Ahí
llegaron los indios
brujos, decía
el pueblo de Achao…
No había
zapatos ni eso que
se llama ropa americana.
Para actuar pedí
ropa prestada a
las monjitas”,
se lee en la transcripción
de una entrevista.
Junto a sus amigas
Adelina Navarro,
Rosario Ruiz, y
doña Antonia
Unquén, mujer
de vasta sabiduría
popular, forma y
dirige, en la Población
Abraham Lincoln,
lugar donde fallece
en julio de 2000,
un Centro de Madres
en el cual trabajan
con lana natural
y desarrollan todo
el proceso de artesanía
textil, desde lavar,
hilar y teñir
la lana, hasta el
tejido. Para el
teñido utilizan
la cáscara
de calafate, las
flores de palguín,
barba de palo, barro
negro o “robo”
y diferentes cortezas.
A través
de una Cooperativa,
producen y comercializan
sus tejidos en ferias
artesanales tanto
de Chiloé
como en Puerto Montt,
Concepción
y Santiago, donde
participan en las
ferias de San Bernardo,
Quinta Normal y
en la Feria de Artesanía
Tradicional del
Parque Bustamante.
Es en estos eventos
en los que la artesana
comienza a dar a
conocer su canto,
participando también
en encuentros folclóricos.
Sus hijos Carlos
y Hugo la acompañan
en la guitarra,
sin que ella tocara
instrumento alguno.
Junto a sus vecinos
de la población
forma posteriormente
el grupo folclórico
Quegnún,
para luego iniciar
carrera solista,
acompañada
por su hijo Hugo
Leviñanco.
Recorre todos los
escenarios de Chiloè
y gran parte de
Chile, transformándose
es una de las más
importantes representantes
de la música
chilota. No tocaba
nada se hacia acompañar.
Amador Cárdenas,
tiene un museo en
Quellón,
recibió el
Premio Nacional
de Folclor, nacido
en Lin Lin, una
pequeña isla
frente a Achao.