Agüero ,“como todos cuando jóvenes”, también incursionó en la poesía , y formó parte de un grupo huidobriano en su colegio The Grange. Su amor por los versos lo llevaría con el tiempo a convertirse en un verdadero especialista en la obra de Gabriela Mistral, y en uno de los gestores pioneros de lo que más tarde se concretaría en la entrega a Chile de la obra inédita de la poetisa, por parte de su albacea, Doris Dana.
“Yo siempre fui muy aficionado a la poesía, pero lo que más me impactó de la Mistral fue su prosa, la variedad de temas que ella puede tocar y con la sabiduría que los toca, así como el nivel y cantidad de los contactos que mantiene en el mundo de la cultura a nivel internacional. Creo que con justicia se ha dicho que es la mujer chilena más importante del siglo XX. Tuve la suerte de estar en Nueva York cuando ella falleció y fui a su funeral. Pero no diría que eso me marcó… Investigué bastante sobre ella, encontramos nuevos documentos de ella muy importantes que fueron editados en un libro”
El volumen Preservación y Discusión del Legado Literario de Gabriela Mistral, editado a fines de los 80 con apoyo de la OEA , reunió una serie de correspondencias y documentos escritos por la poetisa y rescatados por la chilena Magda Arce, bibliotecaria en el Congreso de Estados Unidos. “A través de mi oficio, logramos recursos de la OEA para hacer un proyecto que se hizo a falta del compromiso de Doris Dana para entregar toda la documentación que ella tenia. Teníamos un proyecto para que se permitiera el acceso a gente que había trabajado con la poetisa, como Gastón von dem Bussche , gran especialista en Gabriela Mistral, ya fallecido, a los materiales que Doris Dana tenía en Nueva York. Yo fui a hablar con ella, pero las gestiones fracasaron. “
Sin embargo, en manos de la especialista en literatura chilena Magda Arce, se encontraban aún algunos escritos que formaban parte del material donado a la Biblioteca del Congreso norteamericano y hallado por ella misma, en 9 baúles, en una de las casas de Gabriela Mistral. Baúles que por años permanecieron cerrados y abandonados y a cuyo contenido, Doris Dana no permitió el acceso. “Lo genial es que esta iniciativa que partió el año 86 tratando de convencer a Doris Dana para que entregara el material, culminó el año pasado, con la recuperación de este legado”, reflexiona Agüero.
Conexión Arrau
Otro de los grandes chilenos , con quien Agüero mantenía un parentesco político, que también se transformó en un leit motiv para este abogado estudioso de la cultura, fue el pianista Claudio Arrau. “Participé en la creación de la Fundación Claudio Arrau como consecuencia de una gira que él hizo a Chile, que fue idea de don Mario Baeza, y para la cual trabajamos mucho tiempo. Con don Claudio y su familia teníamos una relación bastante estrecha, eso se fue intensificando. Cuando yo tenia oportunidad de ir a Estados Unidos o a Europa, estaba con él. Le mandábamos pianistas jóvenes para que los evaluara.”
Veta dramática
“Desde el punto de vista artístico me habría gustado profundizar en la actuación- confiesa el abogado- Yo de joven era asiduo asistente al poco teatro que había. En la niñez íbamos a los conjuntos de teatro en Santiago, que daban obras muy livianas. En el teatro Imperio actuaba la compañía de Lucho Córdova y otros grupos que llegaron con la Segunda Guerra y la Guerra Civil Española. Luego vino el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, bajo la dirección de Pedro de la Barra, y luego las compañías pequeñas, que hacían un trabajo interesante. Santiago era mucho más chico, no había televisión. La radio estaba muy desarrollada, había más programas culturales. Era una forma de entretención y desarrollo de la cultura”, cuenta Agüero respecto de su acercamiento al teatro.
Aunque dice que no podría comparar el consumo cultural de los años 50 y 60 con el actual, niega el carácter elitista que tradicionalmente se le ha atribuido. “El público era heterogéneo, en la galería del Municipal había todo tipo de gente. Había entradas de todos los precios y también estaban las presentaciones de verano de la Orquesta Sinfónica de Chile, que se hacían al lado del anfiteatro del Bellas Artes, abiertas a todo público. Había galerías de arte importantes en el centro . La galería del Banco del Estado, creada a fines de los años 30, daba a la calle. No tenia conexión con el banco. Persona que pasaba por la calle Huérfanos entraba a esa galería. Editorial del Pacífico tenía una galería importante, igual que el Instituto Chileno- Británico y el Chileno- Francés. Había bastante acceso al arte.”