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Se hizo masivamente
famosa cuando renunció
al Fondart, luego
de la polémica
por la obra de teatro
que ironizaba sobre
Arturo Prat, y que
el Fondart estaba
financiando. Todo
el poder se le vino
encima, la Ministra
no la apoyó
y se quedó
sin trabajo. ¿Cómo
te sentiste?
- Me siento muy
bien con eso. Creo
que a todos nos
cuesta ser leales
con nosotros mismos,
porque la vida nos
pone muchas trampitas.
Yo he tratado de
ser leal con lo
que pienso, porque
siento que de esa
forma puedo ser
leal con la gente
que quiero y con
la que trabajo.
Son principios fundamentales
que me inculcaron
desde niña
y que son valores
grabados a fuego
en mí. El
tema de la libertad
de expresión
y el respeto a la
otredad para mí
es una cuestión
muy importante,
que se encarnó
de forma muy fuerte
porque crecí
en una dictadura.
Ninguna dictadura
para mí es
aceptable. Soy muy
crítica de
Cuba, por ejemplo,
cosa que algunos
no entienden, pero
creo en el respeto
profundo a la libertad
de creación
y de expresión.
Creo que, en esa
ocasión,
la ministra de entonces
tuvo un mal manejo,
no estuvo a la altura
de los acontecimientos.
Yo no podía
comprometer mi honor,
porque la imagen
no es lo que me
importaba, en un
momento en que los
chicos que actuaban
en la obra de teatro
estaban recibiendo
amenazas de muerte.
No era un tema menor
estar o no con ellos.
-
Aunque haya cuidado
tu imagen, en el
largo plazo fue
una buena inversión
en ella. Ese episodio
le hizo ganar la
admiración
de muchos, trabajó
en el diseño
de la política
cultural de la Presidenta
Bachelet, ahora
es Directora de
la DIBAM y podría
haber sido Ministra
de Cultura. Muchos
lo pensaron…
- Yo lo hallaba
muy loco. Yo pensaba
que la Presidenta
iba a nombrar a
una persona del
campo de la creación
artística
o literaria, lo
que me parecía
muy concordante
con su discurso
de participación
ciudadana. Por eso
no me extrañó
que nombraran a
Paulina, de hecho
su nombre sonaba
porque había
participado activamente
en la ley de la
nueva institucionalidad
y había dirigido
el sindicato de
actores.
-
En el caso de Lagos,
la cultura es su
vía de trascendencia,
en el gobierno de
Bachelet esa intención
no se ve tan clara.
¿Cuál
es su sello, qué
lugar ocupa la cultura
en su gobierno?
- Hay dos dimensiones,
la discursiva y
la realizadora.
Desde el punto de
vista del discurso
se puede instalar
con mucho valor
lo cultural, lo
cual es muy importante
para generar dinámicas,
pero hay gobiernos
que se centran más
en las decisiones.
Es impresionante
cuando uno examina
las cifras duras.
Por ejemplo, en
el gobierno del
Presidente Frei
el Fondart crece
de manera significativa,
se crea el Premio
Nacional a la Música
Chile, se vive el
despegue del cine
chileno, crece el
Fondo del Libro,
se crea el proyecto
de escuelas artísticas,
hay mucha inversión,
ocurren cosas muy
importantes respecto
de la acción
del Estado en materia
de cultura. Sin
embargo, el Gobierno
no tenía
una imagen cultural
fuerte, el Presidente
no lo ponía
frecuentemente en
su discurso. En
el gobierno de Lagos
también hay
hechos muy importantes,
como la Biblioteca
de Santiago y otras
obras de infraestructura
cultural, hay un
aumento de la inversión
que no es tan significativa,
y lo que sí
es fundamental es
la legislación
e instalación
de la nueva institucionalidad
cultural, que es
un proceso exigente,
que no permite tanta
acción. Bachelet
ha hecho gestos
como el Premio Iberoamericano
Pablo Neruda, en
la Moneda; por primera
vez el Día
Mundial del Libro
se hace en La Moneda
con la Presidenta;
ha impulsado el
Programa Creación
de Bibliotecas Públicas
en comunas que no
hay, se han realizado
tres bibliotecas
regionales; se duplican
los bibliometros
en su período;
se ha realizado
la digitalización
de más de
un tercio de Memoria
Chilena; se creó
la biblioteca virtual
para niños;
ha aumentado el
público en
los museos. El presupuesto
para la DIBAM se
incrementó
en un 36% y el del
Consejo de Monumentos
sobre el 50%. La
Presidenta puso
recursos para que
el Consejo, que
estaba desfinanciado,
pudiera seguir funcionando.
Hemos hecho grandes
inversiones en Museos
como el Regional
de La Serena, el
Martín Gusinde
en Puerto Williams,
y eso se debe a
una decisión
política
de hacer grandes
inversiones. No
puedo decir que
hay un acento menor,
por el contrario.
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