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¿Qué
opinión le
merece el habitual
comentario de que
el Fondart siempre
favorece a los mismos?
- Yo creo que de
repente, incluso
sin intención,
nos armamos un juicio
a partir del foco
desde el cual los
medios instalan
la noticia. Muchas
veces se enfoca
en los que han repetido
y no en los cientos
de miles que tienen
su primera oportunidad.
Artistas como Camilo
Yáñez,
Iván Navarro,
Duclos, tuvieron
sus primeros apoyos
en el Fondart. En
el teatro, el Fondart
apostó por
La Tropa antes de
que montaran Gemelos
y les ayudó
mucho tiempo para
que pudieran hacer
su montaje, lo mismo
con la Patogallina.
No supera el 10%
la gente que repite
apoyos. Este año
lo que más
se difundió
fue el apoyo a Alfredo
Castro, cuando se
sabe que es un autor
y director indiscutible…
que además
no hace un trabajo
comercial.
-
Otra crítica
que suele hacerse
al Fondart es la
falta de salida
que tienen los proyectos
apoyados, los cuales
muchas veces son
desconocidos o sus
productos quedan
guardados en bodegas…
- Esto creo que
se ha ido modificando
con los años,
con bastante dificultad,
pero en los últimos
años se ha
avanzado mucho más.
De todos modos nos
encontramos con
un muro que no permite
que estos bienes
culturales lleguen
masivamente al público.
A mucha gente le
cuesta entender
que nuestro público
quiere ver películas
chilenas, leer libros
chilenos, oír
música chilena.
Es extraordinario
que hoy exista una
radio dedicada a
la difusión
de la música
chilena, que haya
programas en la
televisión
que difundan el
patrimonio y la
creación
nacional. El problema
de instalación
en el mercado le
pasa a todos los
que autoeditan,
por ejemplo, no
es un problema sólo
del Fondart. Otro
aspecto es que la
creación
hay que evaluarla
en el largo plazo.
Porque hay procesos
que decantan y creadores
que son reconocidos
veinte años
después,
tanto la obra como
su influjo en las
futuras generaciones.
Por ejemplo, es
muy común
hablar sobre la
influencia de Bolaño
en los autores jóvenes.
Cuando Bolaño
estaba creando la
mayoría no
teníamos
conciencia de la
relevancia de su
propuesta. Por muy
duro que sea, hay
que tener paciencia.
La creación
es un trabajo complejo
en cualquier lugar
del mundo.
-
¿Cómo
fue su cuna en términos
culturales?
- Vengo de Los Ángeles,
de una familia numerosa
de origen popular,
donde desde pequeños
se nos inculcó
la lectura y la
importancia de los
libros, la música
clásica.
Nuestra vida habría
sido muy distinta
sin la educación
de calidad que había
en las universidades
públicas
y los grandes niveles
de acceso a la cultura
que teníamos
en mi casa. A los
12 años yo
leía a Sartre
a Nietzche, aunque
entendía
poco, y Tomas Mann
para mí era
un compañero.
Siempre me colaba
a los conciertos
en el Teatro de
Los Ángeles
y cuando había
alguna obra de teatro,
ahí estaba.
Tuve una familia
y un contexto histórico
que me permitió
desarrollar esa
necesidad. Cuando
estaba en la universidad
no me perdía
película
de cine arte en
el Normadie y estoy
muy agradecida,
por ejemplo, del
festival de teatro
de verano de la
Universidad Católica
en el Parque Bustamante,
donde iba todas
las tardes. Todo
eso contribuyó.
Ya de mayor pude
viajar, tener acceso
a otras oportunidades,
que las he aprovechado
al máximo,
porque para mí,
más allá
del cargo, son necesidades
vitales.
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