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Este 23 de noviembre se
cumple el primer aniversario de la muerte de Roberto
Matta. Un ciudadano del mundo cuyo vínculo
con su tierra natal es, sin duda, difícil
de descifrar. Sin embargo, y aunque sólo
vivió en Chile hasta la década del
'30, el artista chileno desarrolló un camino
único y profundo en la búsqueda
de las raices. Nuestro.cl, rescata, en pocas frases,
su particular mirada acerca del valor de la identidad.
Revisa su biografía
Documental: Matta, un siglo d'mente
A los 22 años Matta
se subió a un barco que lo llevó
al puerto inglés de Liverpool. Desde entonces
inició un periplo que lo llevó a
Madrid y luego a Francia, donde residió
un largo tiempo y en 1938 participó en
la mítica Exposición Internacional
del Surrealismo. Tras la Segunda Guerra Mundial
se radicó en Nueva York para más
tarde volver a Francia. La ciudad de Tarquinia,
en el centro de Italia fue su residencia desde
fines de los '80. Allí en su antigua casa,
dejó de existir, el pasado sábado,
a la edad de 91 años.
La universalidad de su figura
y de su arte, marcado por una mirada futurista,
hecha de lecturas e interpretaciones que parecen
no tener parámetro conocido, se anclan,
sin embargo, en su profunda búsqueda de
las raices y en su particular visión de
lo que significa el origen y la identidad.
Acerca del necesario arraigo
con la propia tierra, el artista ha dicho: "Yo
necesito el contacto con la tierra. Hay que inventar
una maleta para llevarse las raices: ¡Uno
ha sido tantas cosas en la vida y después
se olvida de lo que ha sido!".
Sobre el paradojal significado
de "lo original", afirma: "Yo busco
lo original porque tiene que ver con los orígenes.
A mí lo nuevo no me interesa. Lo que me
interesa son las raíces. Toda mi cuestión
está referida a las raíces".
Por último, su
interés por la cultura popular chilena
queda de manifiesto cuando declara: "Yo creo
que si hubiera vivido en Chile, hubiera sido un
tipo que coleccionaría dichos populares.
Me gusta urdir en el idioma".
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