Cecilia García-Huidobro y Lautaro Núñez, durante un viaje al interior de Iquique, organizado por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile.
 
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Noviembre 2008
Lautaro Núñez, Premio Nacional de Historia 2002:
“Si las regiones no toman las riendas de su patrimonio cultural, el descalabro es a corto plazo” (continuación)

 

El concepto del área centro surandina

El concepto de “macro región andina”, con el cual Lautaro Núñez se ha identificado ampliamente, se refiere a la delimitación de un área geográfica y cultural que incluye el sur de Bolivia y de Perú, el noroeste argentino y el norte de Chile, y que surgió, hace treinta años, en el encuentro de Paracas y Antofagasta que reunió a los arqueólogos del mundo andino, y en el cual Núñez tuvo una destacada participación. Esta unidad cultural, que supera las definiciones geopolíticas y cartográficas, hermanándonos profundamente con los países fronterizos en una matriz de gran potencia patrimonial, ha sido, sin embargo, subestimada por nuestra educación y nuestra historia oficial. “A nosotros nos educaron en marcar las diferencias entre nuestros pueblos, lo cual ha sido un error gravísimo. A través de la misma educación, podríamos haber valorado el aporte de los mapuches, saber que están en Argentina, igual que los diaguitas, los atacameños, los aymaras. Habríamos pensado un país mucho más plural, con raíces compartidas con nuestros vecinos. Hemos sido víctimas de un proceso educacional pensado para establecer la historia desde los españoles hasta ahora, nunca nos dijeron que tenemos oncemil años de edad y que los logros civilizatorios de las comunidades indígenas fueron varios miles de años anteriores a la llegada de los españoles. Se ha creado un lenguaje nefasto orientado a subvalorar a las culturas indígenas. Se habla de chozas y no de aldeas, de acequias y no de tecnologías hidráulicas. Se ha menoscabado el valor de lo indígena, hemos vivido engañados y estamos pagando la cuenta por no reconocer en el otro sus logros y aportes al país. ¿Qué habrían hecho los españoles si hubieran encontrado un país salvaje?”.


Desafíos patrimoniales

Actualmente, el maestro trabaja en un libro para educar, en el ámbito regional, sobre lo que él llama “la rebelión de las regiones”, en el que expresa su convicción acerca del rol protagónico de éstas en la protección de su patrimonio. “Si las regiones no toman en serio su patrimonio, esto desaparece en el corto plazo”, asegura. En términos generales, considera que hay grandes objetivos que deben cumplirse para salvaguardar nuestro patrimonio a nivel nacional: en primer lugar, crear el Instituto del Patrimonio, “como un organismo totalmente descentralizado, con autonomía total para las regiones, con una nueva legislación patrimonial, que tiene que superar la Ley de Monumentos, que se quedó en el pasado”. En segundo lugar, formar cuadros científicos “para que cada región pueda rescatar, investigar, conservar y difundir su patrimonio. No se puede creer que en un país sísmico haya que esperar un terremoto para ir a salvar la arquitectura patrimonial, con muy escasos especialistas”. En tercer lugar, preocuparse de la educación patrimonial, “como un tema urgente. Repetir hasta el cansancio que es posible conciliar el patrimonio cultural con el desarrollo socioeconómico de cada región. Capacitar para que nuestros pueblos que están junto al patrimonio se eduquen en él y lo administren debidamente. Finalmente, está claro que el Estado no está capacitado para financiar la recuperación y uso de todo el patrimonio tangible e intangible, pero sí debiera estar muy preparado para crear una política patrimonial inclusiva que integre, coordine y regule los aportes del Estado con las iniciativas privadas. Las experiencias en esta última década indican que los aportes privados han sido decisivos para promover proyectos sobre patrimonio cultural. Por ejemplo, la gran mayoría de los museos no dependen del Ministerio de Educación (DIBAM), sino que hay muchos privados, universitarios y municipales con escasos recursos. Hay museos que no reciben nada. Y, en este sentido, concuerdo plenamente con Drina Rendic, quien ha señalado que no se deberían abrir más museos para dar pie a un proceso de acreditación con el objeto de apoyar a los existentes a través de proyectos concursables. También concuerdo con Cecilia García-Huidobro sobre el rol de las corporaciones culturales sin fines de lucro, las que han logrado aplicar la Ley Valdés de Donaciones para importantes proyectos patrimoniales a lo largo del país”.

Por todo lo anterior, nuestro entrevistado concluye que “ya no es posible pensar que el patrimonio podrá salvarse sin una nueva legislación y una profunda toma de conciencia de su valor y su fragilidad. Pensar que el futuro del patrimonio pasa por decisiones tomadas en la capital, es un gravísimo error. Ya es la hora que la inteligencia de las regiones asuma las responsabilidades directas. Ellos saben cómo hacerlo y allí están las becas para los perfeccionamientos de postgrado. Pero no más comisiones y visitadores foráneos…”.
 
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