“Si
las regiones no toman
las riendas de su
patrimonio cultural,
el descalabro es a
corto plazo”
(continuación)
Compartir
el saber
Para Núñez,
un investigador que
se califique como
tal, tiene que reunir
en su quehacer algunas
condiciones fundamentales,
tales como transferir
el conocimiento a
la comunidad en la
cual se desenvuelve,
“para que ella
pueda entender qué
hace y por qué
lo hace” y formar
cuadros científicos,
motivando y reuniendo
a los investigadores.
Respecto a la difusión
en las comunidades
locales ha desarrollado
una notable labor,
en la que destaca
su publicación
sobre arqueología
dirigida a los niños
de las comunidades
andinas. “Así
como me preocupo de
publicar esto, valoro
mucho estar presente
en revistas de importancia
mundial como Science.
Este doble juego,
entre lo más
local y menos docto
y lo más internacional
y científico
es muy importante
poder hacerlo, sobre
todo en los países
del tercer mundo,
donde recién
estamos empezando”,
cuenta el Premio Nacional
de Historia.
Un diálogo
permanente entre lo
local y lo universal
ha caracterizado la
trayectoria de Núñez:
“Mis padres
vienen de un mundo
no urbano. Por eso
tal vez me siento
tan bien en los pueblos
pequeños. Una
vez, en el centro
de Tokio, le pregunté
a un amigo cuánta
gente pasaba bajo
nuestros pies, en
los trenes subterráneos,
mientras estábamos
allí. Me respondió
que una cifra cercana
a un millón.
Cuando volví
de mi beca, estuve
sentado durante el
mismo tiempo en la
plaza de San Pedro
de Atacama esperando
que me trajeran una
correspondencia y
sólo pasaron
tres personas. Esa
paradoja, de vivir
entre lo pequeño
y lo grande, ha sido
parte de mi vida”.
En su opinión,
dado el avance exponencial
del conocimiento arqueológico
en los últimos
años en nuestro
país, es fundamental
que éste se
comparta con la comunidad.
“Se ha dicho
que Chile es un país
de historiadores –agrega
Núñez–.
Es cierto, se ha avanzado
mucho, pero faltaba
la construcción
de los arqueólogos,
para ir mas allá
de los quinientos
años, ir hasta
los once mil años.
Nuestros aportes cada
vez crecen más
y cada vez estamos
más asombrados
de lo que descubrimos.
Cuando tú estás
generando tanto conocimiento
tienes la necesidad
de entregarlo a las
comunidades. En Peine,
por ejemplo, me he
encontrado con viejos
agricultores y pastores
que escuchan con atención
las historias que
desconocían,
son viejos sabios
llenos de un saber
étnico tan
valioso como el académico.
Me han dicho: nosotros
sabíamos que
el arte rupestre era
de nuestros ancestros,
pero no teníamos
idea de su significado
y de su época.
Hay que compartir
el conocimiento que
ellos nos enseñan,
como sus mitos, y
nosotros les entregamos
ese otro conocimiento
científico.
Yo he compartido los
dos saberes por mis
orígenes y
por la academia”.
Para llevar a cabo
con éxito esta
transmisión
de información,
considera fundamental
cambiar los programas
educativos, generar
museos regionales
donde se priorice
la interacción
con el público
y diseñar programas
patrimoniales de cada
región. Respecto
a la formación
de equipos de investigación,
Núñez
se ha caracterizado
por su permanente
labor de formación
de nuevos arqueólogos,
tanto en el aula como
en proyectos FONDECYT
asociados a labores
de terreno. “La
maestría de
un profesor no radica
en exigirle a sus
alumnos hacer la ciencia
de un modo determinado,
sino en entregarles
todas las posibilidades
para que se desarrollen.
Eso ha significado
que va pasando constantemente
gente joven que sigue
su rumbo. Y, al mismo
tiempo, uno aprende
de ellos, y se pone
al día en las
nuevas tendencias.
En el fondo, si tú
quieres asumir responsabilidades
frente a las nuevas
generaciones tienes
que estar con ellos
ahí, en el
terreno, en las excavaciones,
en los simposios,
en el bar, en las
clases, en los momentos
de exaltación
y de agonía”.