“Si
las regiones no toman
las riendas de su
patrimonio cultural,
el descalabro es a
corto plazo”
(continuación)
El
invitado del Padre
Le Paige
Nada de lujos esperaba
al nuevo huésped
del sacerdote, que
debió alojar
tres meses en una
carpa en el patio
de la casa parroquial.
“Como buen jesuita,
el padre me sometió
a prueba, para ver
cuánto aguantaba”.
Pasado este período
le hizo el extraño
ofrecimiento de construirle
una “celda”,
ante lo cual el allegado
reaccionó con
extrañeza.
“Pero no era
un calabozo, sino
una celda en el sentido
religioso”,
aclara Núñez.
Un departamento en
el Museo que resultó
más frío
y menos acogedor que
la carpa. Un proyecto
de investigación,
ofrecido por la Smithsonian
Institution, le permitió
pronto contar con
recursos y alquilar
una pieza, durante
un año, en
el hotel Licancabur,
el único existente
en esos tiempos en
el hoy súper
equipado destino turístico.
Tras un viaje del
nuevo rector de la
Universidad a Estados
Unidos en busca de
convenios, recibió
múltiples referencias
sobre Núñez,
siendo éste
contratado en 1975.
“El rector me
llamó y me
dijo que debido a
mis méritos
académicos,
él había
aceptado mi incorporación
a la Universidad Católica
del Norte (UCN), poniendo
por mí su palabra
de caballero y de
militar. Él
es mi amigo y de vez
en cuando nos llamamos”.
Cofundador del Instituto
de Investigaciones
Arqueológicas
y Museo de la UCN
en San Pedro de Atacama,
junto con su colega
Agustín Llagostera,
le dieron continuidad
a la obra del Padre
le Paige. Lo cierto
es que Núñez
recogió del
investigador jesuita
aspectos fundamentales
de su trabajo, pero
también adoptó
enfoques distintos
y superó los
conocimientos con
un mayor énfasis
científico-técnico.
“El Padre tuvo
una gentileza muy
grande, me llevó
a todos los sitios
que él había
descubierto. Me dijo:
usted tiene que ir
a terreno, no sólo
revisar las colecciones.
Y me interesó
especialmente el sur
de San Pedro. Yo le
debo a él haberme
llevado a la quebrada
de Tulán, donde
fui el primero en
investigar y donde
continúo trabajando
hasta hoy”.
El principal valor
de este sitio es que
en él se puede
encontrar una secuencia
completa de las poblaciones
que vivieron en el
área hace diez
mil años, y
se comprueba la intuición
de Le Paige de que
la civilización
atacameña era
muy antigua como complejidad
cultural, política
y económica.
“Hemos
comprobado en
la quebrada
de Tulán
que las sociedades
complejas atacameñas
comenzaron mil
quinientos años
antes de Cristo.
Ahora estamos
excavando un
templete, algo
muy sofisticado,
que nunca nos
imaginamos que
existía
en Chile. Es
una arquitectura
sólo
para rituales,
una estructura
dedicada a ceremonias
con fogones
y fosos, como
los más
grandes templos
de las tierras
altas andinas.
En las paredes
hay petroglifos
y en su interior
se procedía
a comidas rituales”.