Pronto,
la conciencia de la
realidad dejará
atrás la actitud
imaginista, para dar
paso a una literatura
comprometida con las
problemáticas
sociales, como se
observa en su novela
Puerto de fuego, publicada
en 1956, que narra
la lucha por la organización
sindical de los trabajadores
en defensa de sus
derechos y contra
el abuso de la clase
empresarial. Integrado
activamente a las
filas del Partido
Comunista, su producción
literaria se orienta
cada vez más
definitivamente hacia
el ensayo político.
En 1958 publica La
base, donde describe
la llamada "Batalla
de Santiago",
del 2 de abril de
1957, cuando los militares
obedeciendo órdenes
del general Ibáñez
del Campo reprimieron
violentamente a los
estudiantes, trabajadores
y partidos de izquierda
que protestaban contra
las alzas de los precios.
Délano también
contribuyó
a la preservación
del patrimonio literario
nacional, con la compilación
de diversas antologías
de escritores nacionales
y un número
importante de traducciones
de autores extranjeros.
La
pintura y el periodismo,
fueron caminos que
recorrió con
tanta solidez y honestidad
como la literatura.
Escribió en
El Mercurio, Zig-Zag,
y revista En viaje
y fue editor de las
revistas Ecran (1937-1939),
Qué hubo (1939-1940)
y Vistazo (1952),
además de miembro
del comité
editorial de la revista
Letras, publicación
del grupo imaginista.
Una trayectoria que
en 1970 le hace merecedor
del Premio Nacional
de Periodismo. Destacado
personaje público,
desempeñó
cargos diplomáticos
como cónsul
de Chile en México,
entre 1940 y 1946,
y en Nueva York, entre
1946 y 1949; y como
embajador en Suecia
y otros países
escadinavos entre
1970 y 1973. Tras
una vida intensa y
aventurera, exiliado
en dos oportunidades,
Luis Enrique Délano
falleció en
1985, un año
después de
ser autorizado para
regresar a Chile.
Su obra Aprendíz
de escritor, que a
través de recuerdos
cuenta el mundo que
conoció el
autor entre los 17
y 27 años,
fue editada póstumamente.
Es la pintura, a todas
luces, su más
íntima búsqueda,
y la faceta que menos
lo define públicamente
y aunque reducía
a hobbie su talento,
definiéndose
como "pintor
de día domingo",
sus óleos,
acuarelas, tintas
y otras pinturas,
conforman una colección
de más de cien
obras. Un talento
desbordante y multifacético,
que marcó la
cuna de nuestro escritor
Poli Délano,
cuya madre Lola Falcon
fue una fotógrafa
de notable sensibilidad
con estudio propio
en Santiago. Entre
sus amigos y maestros
se contaron figuras
tan destacadas como
Carreño y Tótila
Albert, quien moldeó
en yeso las cabezas
del matrimonio que
hoy descansan en la
casa junto al mar.