Visitamos
la casa-barco del
fallecido escritor,
artista y Premio Nacional
de Periodismo, Luis
Enrique Délano,
en la costanera de
Cartagena que lleva
su nombre. La misma
que hoy ocupa su hijo,
el escritor Poli Délano,
miembro fundador de
la Sociedad de Amantes
de Cartagena. Objetos,
cuadros y pertenencias
revelan la vida y
la obra de su padre:
un hombre sensible,
transgresor y multifacético,
de quien heredó
el amor por las letras
y la nostálgica
pasión por
este popular y patrimonial
balneario.
Los rostros
de Luis Enrique
Délano
y su esposa,
Lola Falcon,
moldeados en
yeso por el
escultor Tótila
Albert.
Revisa
el álbum
En una calle con el
nombre de su padre,
Luis Enrique Délano,
está la casa
con forma de buque
que éste le
dejara, sobre un acantilado
de Cartagena, a su
hijo, el escritor
Poli Délano.
Refugio de mar y recuerdos
para este fiel miembro
de la Sociedad de
Amantes de Cartagena,
en cuyos muros cuelgan
los hermosos cuadros
de su progenitor:
artista, escritor
y Premio Nacional
de Periodismo que
en la década
del '50 se instaló
en el balneario como
lo hizo antes Vicente
Huidobro, luego Manuel
Magallanes Moure y
Alone, y más
tarde, Adolfo Couve.
Nacido en Santiago
en 1907, Luis Enrique
Délano fue
un fructífero
escritor que exploró
distintos géneros
literarios como novela,
poesía, cuento,
ensayo y crónicas
periodísticas.
Un hombre apasionado
por el pensamiento,
la justicia y el arte,
que a los 19 años
ya publicaba su primer
libro de poemas y
comenzaba a trabajar
como periodista en
el diario El Mercurio,
del cual fue corresponsal
extranjero entre 1934
y 1937.
Catalogado dentro
del imaginismo, definido
como un costumbrismo
teñido de fantasía,
a la manera de Salvador
Reyes y Augusto D'Halmar,
su primera obra fue
Rumbo hacia ninguna
parte (1927), que
no pasó desapercibida
para la crítica
nacional, sin embargo,
es La niña
de la prisión
y otros cuentos, publicada
en 1928 con prólogo
de Salvador Reyes,
la obra que consolida
su nombre en las letras
nacionales, a través
de su original propuesta
estética, que
rompe con los cánones
tradicionales del
criollismo. En palabras
del propio Délano:
"La literatura
chilena estaba atiborrada
de un criollismo empalagoso
y pesado (...) Mucho
huaso y poca imaginación".