Lleva
5 años como Jefe de la División Cultura
del Ministerio de Educación y 53 años
como activo gestor de nuestra vida cultural. El
curriculum de este italiano emigrado tras la Segunda
Guerra, que por estos días presenta en el
Museo de Bellas Artes una muestra de su muralismo,
incluye datos emblemáticos y empresas diversas
que van desde el diseño de la gaviota del
Festival de Viña hasta la creación
de murales para capillas de pueblos y poblaciones,
pasando por la dirección teatral de la legendaria
compañía Ictus y la conducción
de programas culturales de TV premiados con el APES.
El hilo conductor está dado por una visión
anti-elitista que apunta al derecho de cada habitante
no sólo de acceder a la cultura, sino también
de participar en su producción. En esta línea
se sitúan sus principales iniciativas institucionales,
como los Cabildos Culturales, instancias de participación
comunitaria a lo largo del país.
Pintor, muralista, vitralista, diseñador
y director teatral, desde un principio su figura
enérgica y multifacética se introdujo
de lleno en un activismo cultural cuyo caldo de
cultivo fue la calle, las poblaciones, los movimientos
universitarios. En esos escenarios vitales y cotidianos,
Di Girólamo fue amasando una perspectiva,
un entrenamiento y un modo de hacer que hoy proyecta
desde su puesto al frente de la División
Cultura.
- ¿El ser extranjero
da una mayor lucidez para actuar en la cultura
de un país y captar su identidad?
- Te da una cierta perspectiva,
porque nunca eres completamente de un lugar. Cuando
voy a Italia me dicen que soy latinoamericano.
En Chile me dicen que siempre seré italiano.
Yo decidí ser planetario, para irme a la
segura. En todo caso, no entiendo esa especie
de histeria en busca de la identidad, porque la
identidad no se busca, se encuentra. Y se encuentra
trabajando a largo plazo. La identidad es una
cosa multifacética. La cueca puede ser
el baile nacional, pero anda a ponerle un traje
de huaso a un aymara, además la globalización
acentúa el fenómeno de mezcla y
transformación de las identidades.
- Pero existen ciertas características
e historias que marcan a los habitantes de un
país
Sí, por ejemplo hay
un impacto de la geografía en la personalidad
de la gente. Y eso se refleja en los chilenos.
El chileno está en una esquina, entre el
infinito vertical, que es la cordillera, y el
infinito horizontal, que es el mar. "Lindo
país esquina con vista al mar"
(título
de una obra dirigida por él en el teatro
Ictus)
Los chilenos siempre se han empinado sobre la
cordillera para mirar lo que viene desde allá,
en vez de mirar al Pacífico. Yo les digo
a los japoneses que ellos no son el primer pueblo
del Pacífico, sino nosotros. Nosotros somos
el primer país oriental, la cordillera
nos separa de occidente. Esa separación
siempre ha sido vivida como un destierro. Recién
estamos entendiendo nuestra pertenencia a América
Latina. Y esa incorporación hay que trabajarla,
apoyándose en nuestra cultura y en nuestro
idioma, que es hablado por 300 millones de personas
en el mundo. Eso es una fuerza tremenda. No necesitamos
hablar inglés para relacionarnos. Tenemos
un continente enorme en el que no tenemos barreras
de lenguaje entre un país y otro, como
ocurre en Europa. Además compartimos mucho
de nuestra historia. La identidad chilena tiene
que partir por ser una identidad latinoamericana.
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