A sus 75 años,
Valdés continúa
trabajando diariamente
con su hijo Santiago,
en su fábrica
de muebles, hoy instalada
junto al Palacio Riesco,
en una construcción
realizada por él
mismo y su hijo Cristián,
también arquitecto.
Un patrimonio familiar
que se remonta a su
padre, reconocido
mueblista ya en los
años 40. “Mi
papá tenía
en la casa una mesa
de dibujo. Y yo dibujaba
mucho. Mi mamá
también era
buena para dibujar.
La cosa es aprender
a ver. Todo lo que
tú observas
realmente puedes dibujarlo,
e incluso retenerlo
como una idea precisa”.
La gratuidad y espontaneidad
de su aprendizaje
infantil, probablemente
inspiren los diseños
y las soluciones que
Valdés comienza
a generar para crear
sus muebles y casas,
combinando ambos trabajos
bajo el mismo principio:
“Asumir la pobreza
y la desnudez para
enfrentar las cosas:
eso te libera y te
abre a recibir todo”.
Algo que agradece
a su escuela de Valparaíso,
fundada por el arquitecto
Alberto Cruz y el
poeta Godofredo Yomi
, y en la cual recibió
su enseñanza
, junto a la de maestros
como Francisco Méndez,
Fabio Cruz, Miguel
Eyquem, José
Vial y Arturo Baeza.
“Al revés
de la enseñanza
formal, donde hay
tipos que dictan cátedra
y traspasan lo que
hay que saber, ellos
enseñaban a
aprender de los actos
humanos, y de cómo
éstos conforman
espacios. Cruz hablaba
en sus clases de cosas
como la intimidad.
Ellos aplicaron, mejor
que nadie, el método
de Le Corbusier: recoger
en croquis la experiencia
del espacio. Recoger
la emoción.
Nos mandaban a las
calles de Valparaíso,
a recorrer, a mirar,
realizar dibujos y
observaciones para
después volver
y recapacitar sobre
lo encontrado. Ese
es el sistema para
recoger la esencia
de los lugares”.
Identidad y espacio
público
Percibir la identidad
de cada lugar es,
para Valdés,
el origen de la arquitectura.
“Cada lugar
es único y
hay que descubrir
qué es lo que
tiene más valor
ahí. Si tú
buscas, vas a encontrar
aquello que le es
propio. De ahí
nace la obra”.
El entorno es, por
tanto, parte de lo
que se construye.
De ahí que
en el caso, por ejemplo,
de las viviendas sociales,
el problema, en su
opinión, no
radica tanto en los
escasos metros cuadrados
y el consecuente hacinamiento,
sino en la carencia
de buenos espacios
públicos. “En
muchas partes se vive
bastante apretado,
en muchas ciudades
de Europa, por ejemplo.
Lo importante es que
existan lugares públicos
donde salir. La calle,
la plaza, por ejemplo,
es el living de la
casa. O la cancha
de fútbol en
Chile, donde se juegan
los partidos, y después
se comen unas empanadas
y se toman unos tragos.
Donde se disfruta
la vida".