V Cumbre Guachaca realizada en la Estación Mapocho en abril de 2002.
 
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Julio 2002

GESTORES CULTURALES
Arturo Navarro, Director del Centro Cultural Estación Mapocho: (continuación)

El evento más importante que cada año se realiza en el Centro Cultural es la Feria Internacional del Libro. "Es un hito cultural. Un gran pretexto para organizar una serie de actividades y diálogo en torno a la cultura. Yo mido la Feria no tanto por la cantidad de gente que viene (que en su mayoría es la misma de todos los años). Lo importante son todas las iniciativas, encuentros, viajes de escritores que se generan a partir de este evento. Las costumbres, tradiciones, hábitos que se van instaurando".

La Bienal de Arquitectura y las funciones del Teatro a Mil, son otros de los hitos culturales que ya son tradición del Centro, que acoge gran cantidad de conciertos, obras de teatro y encuentros culturales de todo tipo, entre los que han destacado algunos de gran revelancia internacional como la Expo-Cumbre, en 1998. Junto a estas actividades se realizan ferias comerciales, que contribuyen al financimiento a través del arriendo del edificio. Otra faceta es la colaboración con causas de beneficiencia y otras "buenas causas", para las cuales se pone a disposición el espacio gratuitamente. Muy significativa ha sido la labor del Centro Cultural en el intenso desarrollo del teatro en la última década, gestionando y financiando proyectos, y prestando un escenario a compañías muchas veces pequeñas y con pocos recursos.

Valparaíso en el alma

Nacido en Valparaíso hace 51 años, Navarro reconoce que los cerros son algo más que un accidente en su vida "Yo me crié en el cerro Recreo. Yo soy de cerro, la gente de los cerros tiene más costumbre de que las cosas sean más difíciles. Para volver a la casa siempre hay que subir. Jugar a la pelota en los cerros es mucho más difícil que en el plano. Yo tengo un gran cariño por los cerros. A mí la cordillera me acoge, no me dan ganas de saltarla". Afirmación que implica trabajar con lo propio, y concentrarse en la realidad chilena más que adoptar modelos foráneos.

"Tengo vértigo-confiesa- tengo que estar muy pegado a la tierra. Necesito tener un terrenito fértil para poder trabajar... Yo me identifico con los colonizadores, los pioneros, los quijotes. Pero esto no se contradice con mi vértigo porque siempre voy avanzando a paso seguro. No abarco más de lo que puedo abarcar. Me propongo hacer sólo lo que sé que puedo hacer. Al igual que los exploradores, que sólo llevan su morral, me gusta cargar con muy pocas cosas. Con un computador, un celular y un auto uno puede desarrollar un trabajo en cultura".

"Nací en Valparaíso y ahora estoy regresando" dice Navarro, para quien el valor del puerto es un asunto emocional que supera con creces cualquier opinión atingente a su postulación como Patrimonio de la Humanidad: "Valparaíso es la Coca Cola de Chile, lo más exportable que tenemos. Tiene una constitución humana y geográfica muy diversa. Como era puerto, todos los que llegaban y se quedaban, convivían. Se instalaban las casas de alemanes, griegos, australianos, ingleses, una al lado de otra. Por este motivo, también es muy autosuficiente, una ciudad que se hizo a sí misma con una personalidad propia, independiente. Los ingleses que les gustaba el futbol, crearon un equipo de fútbol, no esperaban el Fondart ni los subsidios".

A esta iniciativa autónoma atribuye el nacimiento de cosas tan importantes como el diario El Mercurio, que es el diario de habla hispana más antiguo del mundo. "Valparaíso es una sociedad muy poco dependiente de la capital, incluso durante mucho tiempo fue mucho más importante que Santiago. Esta diversidad se refleja en su arquitectura, y se refuerza con los cerros. Creo que la postulación de Valparaíso por fin se está llevando bien, con la participación del Consejo de Monumentos, en conjunto con la municipalidad, y la dirección de Agustin Squella".

Gestor innato

Desde el colegio, Navarro demostró sus dotes de gestor cultural organizando el festival de la canción y las academias literarias. La motivación se alimentó tanto de su ciudad de origen como del ambiente familiar. "Soy la mezcla de mis dos abuelos. Mi abuelo paterno era un ingeniero muy humanista, que me enseñó a amar los libros. Todos los libros los forraba y tomaba notas. Nunca me regaló un libro espontáneamente, pero cada vez que yo necesitaba un libro él lo ponía a mi disposición. El aprovechaba el impulso cuando yo ya lo tenía. Desde chico leí mucho, y él fue orientando ese interés. Me inculcó tal amor por los libros que yo no soporto que le doblen la punta a una hoja".

Del abuelo materno, recibió la veta emprendedora y el buen ojo para los negocios: "El era hijo de un gran millonario viñamarino, y era una bala para los negocios. Era un gran amante de Valparaíso y cuando se vino a Santiago yo tenía que avisarle cada vez que habia un atisbo de temporal, por eso yo tenía que estar siempre atento al mar. El entonces partía inmediatamente a Valparaíso y salíamos a andar en lancha, ibamos a los ascensores. Era un gran comerciante, un empresario de las cosas más locas. Se compraba barcos para desarmarlos y venderlos como chatarra. Compraba tranvías".

Los eternos sueños frutados de escritor ("me da absoluta vergüenza, porque ahí si que no tengo las cosas seguras") lo llevaron a dedicarse a la labor editorial, ámbito en el cual ha trazado una importante trayectoria, en la que se inscriben, entre otras cosas, el surgimiento de la llamada nueva narrativa chilena, en los '90, con Navarro como editor en Planeta y la fundación de la revista Apsi-. "Estuve en Quimantú a cargo de una colección para niños, cuando tenía 20 años. Después del golpe quedé muy parado, trabajé en la clandestinidad y después en el Comité de la Paz de la Vicaría de la Solidaridad y a partir de eso tuve la oportunidad de fundar la revista Apsi, un proyecto que nació del Comité. "Como Director, tuvo también que velar por el financiamiento de la revista, buscando recursos a través de proyectos.

Ahí empezó una acelarada formación en el terreno comercial que se intensificaría con su trabajo de encargado de marketing de editorial Andina, puesto ofrecido por un amigo tras el cierre de Apsi, cuando Navarro fue amenazado con el exilio en caso de continuar editando esta revista. "Aprendí mucho de distribución y venta, del negocio editorial. Esto es una muy buena formación para la gestión cultural".

 
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