|
El evento más importante
que cada año se realiza en el Centro Cultural
es la Feria Internacional del Libro. "Es
un hito cultural. Un gran pretexto para organizar
una serie de actividades y diálogo en torno
a la cultura. Yo mido la Feria no tanto por la
cantidad de gente que viene (que en su mayoría
es la misma de todos los años). Lo importante
son todas las iniciativas, encuentros, viajes
de escritores que se generan a partir de este
evento. Las costumbres, tradiciones, hábitos
que se van instaurando".
La Bienal de Arquitectura
y las funciones del Teatro a Mil, son otros de
los hitos culturales que ya son tradición
del Centro, que acoge gran cantidad de conciertos,
obras de teatro y encuentros culturales de todo
tipo, entre los que han destacado algunos de gran
revelancia internacional como la Expo-Cumbre,
en 1998. Junto a estas actividades se realizan
ferias comerciales, que contribuyen al financimiento
a través del arriendo del edificio. Otra
faceta es la colaboración con causas de
beneficiencia y otras "buenas causas",
para las cuales se pone a disposición el
espacio gratuitamente. Muy significativa ha sido
la labor del Centro Cultural en el intenso desarrollo
del teatro en la última década,
gestionando y financiando proyectos, y prestando
un escenario a compañías muchas
veces pequeñas y con pocos recursos.
Valparaíso en
el alma
Nacido en Valparaíso
hace 51 años, Navarro reconoce que los
cerros son algo más que un accidente en
su vida "Yo me crié en el cerro Recreo.
Yo soy de cerro, la gente de los cerros tiene
más costumbre de que las cosas sean más
difíciles. Para volver a la casa siempre
hay que subir. Jugar a la pelota en los cerros
es mucho más difícil que en el plano.
Yo tengo un gran cariño por los cerros.
A mí la cordillera me acoge, no me dan
ganas de saltarla". Afirmación que
implica trabajar con lo propio, y concentrarse
en la realidad chilena más que adoptar
modelos foráneos.
"Tengo vértigo-confiesa-
tengo que estar muy pegado a la tierra. Necesito
tener un terrenito fértil para poder trabajar...
Yo me identifico con los colonizadores, los pioneros,
los quijotes. Pero esto no se contradice con mi
vértigo porque siempre voy avanzando a
paso seguro. No abarco más de lo que puedo
abarcar. Me propongo hacer sólo lo que
sé que puedo hacer. Al igual que los exploradores,
que sólo llevan su morral, me gusta cargar
con muy pocas cosas. Con un computador, un celular
y un auto uno puede desarrollar un trabajo en
cultura".
"Nací en Valparaíso
y ahora estoy regresando" dice Navarro, para
quien el valor del puerto es un asunto emocional
que supera con creces cualquier opinión
atingente a su postulación como Patrimonio
de la Humanidad: "Valparaíso es la
Coca Cola de Chile, lo más exportable que
tenemos. Tiene una constitución humana
y geográfica muy diversa. Como era puerto,
todos los que llegaban y se quedaban, convivían.
Se instalaban las casas de alemanes, griegos,
australianos, ingleses, una al lado de otra. Por
este motivo, también es muy autosuficiente,
una ciudad que se hizo a sí misma con una
personalidad propia, independiente. Los ingleses
que les gustaba el futbol, crearon un equipo de
fútbol, no esperaban el Fondart ni los
subsidios".
A esta iniciativa autónoma
atribuye el nacimiento de cosas tan importantes
como el diario El Mercurio, que es el diario de
habla hispana más antiguo del mundo. "Valparaíso
es una sociedad muy poco dependiente de la capital,
incluso durante mucho tiempo fue mucho más
importante que Santiago. Esta diversidad se refleja
en su arquitectura, y se refuerza con los cerros.
Creo que la postulación de Valparaíso
por fin se está llevando bien, con la participación
del Consejo de Monumentos, en conjunto con la
municipalidad, y la dirección de Agustin
Squella".
Gestor innato
Desde el colegio, Navarro
demostró sus dotes de gestor cultural organizando
el festival de la canción y las academias
literarias. La motivación se alimentó
tanto de su ciudad de origen como del ambiente
familiar. "Soy la mezcla de mis dos abuelos.
Mi abuelo paterno era un ingeniero muy humanista,
que me enseñó a amar los libros.
Todos los libros los forraba y tomaba notas. Nunca
me regaló un libro espontáneamente,
pero cada vez que yo necesitaba un libro él
lo ponía a mi disposición. El aprovechaba
el impulso cuando yo ya lo tenía. Desde
chico leí mucho, y él fue orientando
ese interés. Me inculcó tal amor
por los libros que yo no soporto que le doblen
la punta a una hoja".
Del abuelo materno, recibió
la veta emprendedora y el buen ojo para los negocios:
"El era hijo de un gran millonario viñamarino,
y era una bala para los negocios. Era un gran
amante de Valparaíso y cuando se vino a
Santiago yo tenía que avisarle cada vez
que habia un atisbo de temporal, por eso yo tenía
que estar siempre atento al mar. El entonces partía
inmediatamente a Valparaíso y salíamos
a andar en lancha, ibamos a los ascensores. Era
un gran comerciante, un empresario de las cosas
más locas. Se compraba barcos para desarmarlos
y venderlos como chatarra. Compraba tranvías".
Los eternos sueños
frutados de escritor ("me da absoluta vergüenza,
porque ahí si que no tengo las cosas seguras")
lo llevaron a dedicarse a la labor editorial,
ámbito en el cual ha trazado una importante
trayectoria, en la que se inscriben, entre otras
cosas, el surgimiento de la llamada nueva narrativa
chilena, en los '90, con Navarro como editor en
Planeta y la fundación de la revista Apsi-.
"Estuve en Quimantú a cargo de una
colección para niños, cuando tenía
20 años. Después del golpe quedé
muy parado, trabajé en la clandestinidad
y después en el Comité de la Paz
de la Vicaría de la Solidaridad y a partir
de eso tuve la oportunidad de fundar la revista
Apsi, un proyecto que nació del Comité.
"Como Director, tuvo también que velar
por el financiamiento de la revista, buscando
recursos a través de proyectos.
Ahí empezó una
acelarada formación en el terreno comercial
que se intensificaría con su trabajo de
encargado de marketing de editorial Andina, puesto
ofrecido por un amigo tras el cierre de Apsi,
cuando Navarro fue amenazado con el exilio en
caso de continuar editando esta revista. "Aprendí
mucho de distribución y venta, del negocio
editorial. Esto es una muy buena formación
para la gestión cultural".
|