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La
noticia insólita de la semana tiene tintes
detectivescos y alude al incontrolable problema
del tráfico de bienes patrimoniales. Los
monumentales Moais que se venden a un millón
de dólares en una galería de Miami,
no lograron pasar desapercibidos. Lo increible
no es la venta del patrimonio en manos de privados,
sino el hecho de que enormes esculturas de hasta
dos toneladas y media de peso, hallan podido llegar
desde Rapa Nui hasta Florida sin que nadie se
enterara. La pregunta es si alguna vez salieron
realmente de la isla.
La colección de monumentos
y piezas arqueológicas y de arte rapa nui
de "valor incalculable" que se vende
"entera o por separado", según
anuncia la galería Cronos Art de Miami
donde se expone, incluye 2 moais (cada uno a un
precio cercano al millón de dólares)
además de otras piezas de piedra volcánica,
figuras talladas de origen más reciente
y petroglifos. Destacan la cabeza de un moai femenino
llamado "Maea atua metua", la pieza
más antigua (del año 1000 dC) y
una tabla de piedra con escritura rongo rongo,
(lenguaje escrito perdido de los rapa nui) del
que sólo se han hallado 24 testimonios
en el mundo.
Los objetos son propiedad de Hernán García,
subdirector regional de Odeplán en el gobierno
de Pinochet, quien habría recibido estas
piezas como herencia familiar, por antiguos vínculos
con la isla y también como regalo de los
isleños y del gobernador por haber sido
un benefactor en Rapa Nui.
Ingeniero y autor de textos históricos
este ex funcionario que efectivamente ha participado
en varias iniciativas en la Isla, es ferviente
admirador de Augusto Pinochet, quien, hace más
de catorce años, junto al gobernador de
la región, habria firmado el decreto para
sacar las piezas hacia el continente. En el 2001,
en tanto, el Consejo de Momumentos Nacionales
habría otorgado a García el permiso
para que viajaran a Miami.
Lo extraño es que nadie sabe nada. En el
Consejo dicen no tener antecedente alguno de la
colección ni de ninguna solicitud de autorización
de este tipo, mientras que el entonces gobernador
Sergio Rapu, tampoco ratifica los hechos. A lo
que se suman una serie de datos que no calzan
del todo, para alimentar la curiosidad, las sospechas
y las hipótesis.
Si hasta hace poco nadie cuestionó el origen
de los objetos patrimoniales en manos de privados,
que fueron la base de importantes colecciones
que alimentaron museos y bibliotecas, hoy las
cosas han cambiado. Acumular un museo en casa
es una tarea algo más complicada, y ponerlo
a la venta, aún más. A pesar de
la reducida capacidad de acción de un organismo
como el Consejo de Monumentos Nacionales, encargado
de velar por los monumentos, a pesar de la persistencia
del saqueo de sitios arqueológicos, del
tráfico ilícito de piezas y del
escaso apoyo público a la conservación
del patrimonio arqueológico, el Estado,
de algún modo, ha tomado conciencia y posesión
sobre el patrimonio que pertenece a todos los
chilenos.
Al menos pretende hacer cumplir la ley 16.441
que regula la salida de monumentos históricos,
entre los que se cuentan todas las piezas arqueológicas.
De todos aquellos objetos que, teniendo dueños
públicos o privados, requieren ser conservados
en archivos, bibliotecas o museos al alcance del
público. Esta señala que "Sólo
el Presidente de la República, por decreto
fundado, podrá autorizar la extracción,
fuera del territorio nacional, de partes de edificios
o ruinas históricas o artísticas
o de enterratorios o cementerios de aborígenes,
de objetos o piezas antropoarqueológicas
o de formación natural que existan bajo
o sobre la superficie y cuya conservación
interese a la ciencia, a la historia o al arte,
y de bienes, monumentos, piezas, cuadros, libros
o documentos privados o públicos que, por
su carácter histórico o artístico,
deban conservarse en museos o archivos o permanecer
en algún sitio público a título
conmemorativo o expositivo". Actualmente
no es necesaria la firma del Presidente. Quien
firma es el Ministro de Educación, previo
informe y autorización del Consejo de Monumentos.
Al menos hay dos explicaciones posibles para que
estos objetos estén hoy en Miami. Y ambas
conducen al delito: Que las piezas sean auténticas
y hayan salido catalogadas de artesanía,
lo que implica delito de tráfico ilícito
de bienes culturales. O bien que sean copias,
entonces hay una estafa con publicidad en Estados
Unidos. El Consejo solicitó a la galeria
todos los antecedentes para acreditar el origen
de las piezas. La historia recién comienza.
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