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La comunidades
Cajamarca: pueblo peruano
de origen incaico, situado en la zona norandina
del país es dominado por un amplio
valle cruzado por los ríos Mashcón
y Shonta, y abarca zonas de sierra y selva.
En él tuvo lugar la captura del inca
Atahualpa por un grupo de españoles
al mando de Francisco Pizarro, lo que marca
el origen del mestizaje y una nueva época
en la historia del Perú. Su arquitectura
colonial, edificada con adobe, cal y yeso
se mantiene intacta. Posee un clima templado,
seco y soleado y gente abierta y comunicativa,
que aún conserva la lengua Quechua.
Toconao y Talabre: Cercana
al salar de Atacama, en la precordillera
andina, a 2500 metros de altura, se ubica
la localidad atacameña de Toconao,
conocida en lengua Kunza como “el
pueblo de la piedra blanca”. Se distingue
por sus hermosas iglesias construidas con
piedra volcánica. Se define por su
embalse y sus dos zonas de cultivo, un llano,
más soleado, que se extiende hacia
el salar y la parte de la quebrada, más
angosta y sombría por donde baja
una vertiente de agua. A escasos kilómetros
se encuentra el caserío de Talabre,
que se destaca por sus petroglifos y sus
frutas.
Mamiña: Esta localidad
cuyo nombre, en lengua quechua, significa
“niña de mis ojos”, fue
bautizada así, según la leyenda,
por un rey inca, cuya hija fue curada gracias
a sus maravillosas aguas termales. Situada
a 124 kilómetros de Iquique hacia
el interior, su población se compone
tanto de aymaras como de quechuas. La distinguen
sus irregulares calles empedradas y sus
casas de piedra con techos de paja y barro.
En sus tierras se cultiva maíz, choclo,
papa, ajos, que conforman la base de gastronomía,
combinadas con carnes de llamo y conejo.
Pica: Este oasis enclavado en el
medio del desierto, situado al sureste de
Iquique, permite disfrutar bajo un cielo
siempre despejado de aguas termales, frutos
de la tierra y festividades religiosas,
con la acogida de sus habitantes de origen
aymara.
Cancosa: De origen aymara,
esta localidad se ubica casi en la frontera
con Bolivia, compartiendo su paisaje y cultura.
Su altura y paisaje le confieren un importante
carácter ritual. Fue fundada en 1945
por familias oriundas del pueblo de Cariquima.
El recorrido desde Iquique permite apreciar
el cordón montañoso de Sillajuay
con sus nieves eternas y su formación
vegetal, de la cual se alimentan alpacas
y ñandúes.
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