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Después de
tres años de trabajo, con la gestión
de la Corporación Patrimonio Cultural de
Chile, el Museo de la Merced abre sus puertas,
dentro del convento del mismo nombre, poniendo
al alcance del público una valiosa colección
de arte barroco, precolombino y polinésico,
que da cuenta de la trayectoria de la Orden Mercedaria
en Latinoamérica.
Pinturas y tallas del barroco europeo y del arte
colonial latinoamericano, increíbles figurillas
de estilo popular chileno del siglo XVIII, decenas
de fanales tanto europeos como quiteños,
componen el importante conjunto de imaginería
religiosa, al que se suman valiosos objetos litúrgicos
y decorativos y piezas precolombinas del área
andina de Sudamérica y de Isla de Pascua.
Tal es la amplitud de la colección que
reúne el Museo de la Merced, y que hoy
puede ser apreciada por el público gracias
a un completo proyecto gestionado por la Corporación
Patrimonio Cultural de Chile, que incluyó
la remodelación del edificio, restauración
de piezas, implementación de salas y elaboración
del guión museológico a cargo de
un equipo liderado por la destacada historiadora
Isabel Cruz.
Profesionales del Centro Nacional de Conservación
y Restauración, museólogos como
el actual Subdirector de Museos, Alan Trampe,
junto a una serie de profesionales y especialistas,
en diálogo permanente con los miembros
de la Orden, especialmente el Padre Carlos González,
son responsables de haber convertido en un museo
de primer nivel lo que antes se encontraba expuesto
sin las condiciones adecuada o almacenado en bodegas.
La muestra se inicia con la colección de
Pascua, en la sala denominada "Los espíritus
de Rapa Nui", para luego dar cuenta de la
presencia de la Orden Mercedaria en nuestro país,
desde su llegada en la primera expedición
de Diego de Almagro, para fundar en 1548 la primera
misión mercedaria. El encuentro entre el
mundo europeo y el aborigen está representado
en las piezas precolombinas y otras "que
son resultado de la convivencia y confluencia
de las diferentes tradiciones", según
explica Olaya Sanfuentes, historiadora que forma
parte del equipo.
En lo que fuera el rellano de la escalera hacia
el segundo piso, se implementa un espacio denominado
"los emblemas de la fe", en donde se
exponen crucifijos, esculturas de la virgen y
santos. En el segundo piso, en una gran sala que
ha sido llamada, la del "Mestizaje Artístico"
se aprecian objetos de la época virreinal
de diversa índole, en los que confluye
la sensibilidad europea con la indígena.
Imaginería, pintura y platería son
expresión de un barroco latinoamericano
abundante en oro, plata y colorido, en donde las
imágenes de los santos y, especialmente,
de la Virgen ocupan un lugar protagónico.
Las tallas de santos en madera policromada, que
cumplen una importante misión como objetos
de devoción popular incluyen elementos
hiperrealistas para acentuar su cercanía
a los fieles: pelo humano, ojos y lágrimas
de cristal, lenguas de cuero, dientes y uñas
naturales, tendones de nácar y marfil,
heridas y corazones palpitantes son comunes en
estas esculturas.
La sala incluye una importante vitrina de platería,
cuyo desarrollo se relaciona con la sólida
tradición indígena de trabajo de
los metales preciosos.
También en el segundo piso se ubica una
sala con abundantes fanales, que son figuras del
Niño Dios profusamente adornadas y contenidas
en cúpulas de cristal. En los muros la
galería por la que se recorre el segundo
piso, denominada "Galería de los Reyes"
cuelgan pinturas quiteñas de gran valor.
Todo esto en un entorno privilegiado, rodeado
de los hermosos jardines del convento. Una excelente
alternativa cultural para quienes diariamente
asisten a la misa en la Basílica de calle
Merced, o simplemente circulan por este céntrico
sector de la capital.
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