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Con aportes públicos
y privados, y gracias a un proyecto gestionado
por la Corporación del Patrimonio Cultural
de Chile, especialistas del Centro Nacional de
Conservación y Restauración, iniciaron
la restauración de las piezas de arte sacro
albergadas en el Convento de la Merced. Los trabajos
de implementación del Museo, tienen un
costo inicial de 150 millones de pesos.
Al fondo de la
galería de la Merced, en pleno centro de
Santiago, aparecen las rejas del Convento, con
sus hermosos y apacibles jardines. Cuesta imaginar
que allí dentro exista una colección
de arte tan valiosa y extensa. Pinturas y tallas
del barroco europeo y del arte colonial latinoamericano,
increibles figurillas de estilo popular chileno
del siglo XVIII, decenas de fanales tanto europeos
como quiteños, componen el importante conjunto
de imaginería religiosa, al que se suman
valiosos objetos litúrgicos y decorativos
y piezas precolombinas del área andina
de sudamérica y de Isla de Pascua.
Gracias a un proyecto gestionado por la Corporación
del Patrimonio Cultural de Chile cuyo presupuesto
inicial asciende a 150 millones de pesos aportados
por la empresa Sony, la Presidencia de la República
y la Fundación Andes, especialistas del
Centro Nacional de Conservación y Restauración
ya están interviniendo las piezas de imaginería
religiosa. Estos objetos, que hasta la fecha han
estado guardados sin orden ni condiciones adecuadas,
en el segundo piso del edificio, y que son desconocidos
para el público, están siendo seleccionados
y sometidos a acciones de conservación
y restauración, para pasar a formar parte
de un museo que ponga al alcance de los visitantes
este rico patrimonio y, de paso, narre la vida
y obra de la Orden Mercedaria en Sudamérica.
"Las piezas
fueron llevadas a un depósito, de manera
de desalojar el edificio destinado al museo, que
será remodelado. La prioridad, en este
minuto, es conservar más que restaurar
y paralelamente ir desarrollando los trabajos
de investigación, documentación
y diseño necesarios para implementar un
museo de buen nivel", explica Paula Valenzuela,
del Centro Nacional de Conservación y Restauración.
En cuanto a los trabajos de arquitectura y restauración
del edificio, "la idea es rescatar al máximo
el edificio como patrimonio"-explica al museólogo
Alan Trampe, uno de los profesionales involucrados
en el proyecto. Con este fin, se retirarán
los estucos para recuperar el ladrillo que está
cubierto, y que también se piensa incorporar
como fondo de las nuevas vitrinas. En cuanto al
guión museológico, es decir, la
disposición y la lógica en la exhibición
de las piezas , el eje de articulación
es la propia Orden Mercedaria. La diversidad de
objetos de distinta naturaleza, estilo y proveniencia,
adquiere un sentido de unidad en el contexto de
las misiones realizadas por esta orden en Sudamérica,
a través de las cuales se fue conformando
este patrimonio artístico.
"En este esquema, es que hemos pensado en
una sala introductoria, en la que se expongan
los lineamientos, el espíritu y la trayectoria
de la Orden. Qué es, qué hace, sus
orígenes, sus misiones, dónde ha
desarrollado su obra", dice el especialista.
En el segundo piso, se plantea la implementación
de una sala no informativa, en donde se reuna
una serie de obras y objetos representativos de
toda la colección en un ambiente de recogimiento.
"Se trata de una sala contemplativa -explica
Trampe- Un espacio de reflexión y espiritualidad".
El museo, la tienda y la cafetería, en
el entorno de los apacibles jardines del convento,
podrían convertir a este lugar en un singular
centro cultural que ofrezca al numeroso público
del centro y al que asiste a Misa en la Basílica,
un verdadero oasis donde se fusionan el arte,
la tranquilidad y la naturaleza, en el corazón
mismo del ajetreo capitalino. Los mercedarios
consideran además la posibilidad de arrendar
los jardines para eventos y recepciones, generando
así ingresos que puedan ser reinvertidos
en el museo.
La formación de un grupo de amigos de este
museo, en el que participen las múltiples
personas e instituciones vinculadas al barrio,
a la Orden y a su iglesia, es un factor importante
para una fructífera relación con
la comunidad, que garantice su mantención,
desarrollo y vitalidad.
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