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A
la colorida celebración de La Tirana, los
iquiqueños suman otro importante motivo
para celebrar, que llena de orgullo a los pampinos
y representa el cumplimiento de un gran anhelo
comunitario: el reconocimiento mundial de su historia
y su cultura salitrera con la nominación
de Humberstone y Santa Laura como Patrimonio de
la Humanidad.
Por Rosario Mena
- Fuentes consultadas: www.monumentos.cl
-
El sabor del salitre: El antiguo hotel de Humberstone
reabre sus puertas convertido en restaurante.
Su valor como patrimonio arqueológico
industrial y la importancia del salitre en el
desarrollo de la agricultura a nivel mundial,
sustentan la declaratoria de las Salitreras de
Humberstone y Santa Laura como Patrimonio de la
Humanidad, sumándose al Parque Nacional
Rapa Nui, las Iglesias de Chiloé y Valparaíso
en la lista de los sitios chilenos que ostentan
esta categoría. Ubicadas a 50 kilómetros
al oriente de Iquique, distantes 2 kilómetros
entre sí, su emplazamiento geográfico
y su relevancia en el surgimiento del movimiento
obrero, son otros factores que avalan la nominación
de las oficinas de Tarapacá, las que también
fueron incluidas entre los sitios de Patrimonio
en Peligro, por la vulnerabilidad de sus instalaciones,
que requieren el compromiso estatal de su protección
y conservación, asignando prioridad a las
inversiones que implica su restauración,
las que rondan los 5 millones de dólares.
En medio de uno de los desiertos más áridos
del mundo, el empuje, la habilidad y el esforzado
trabajo humano lograron construir un completo
universo habitado por 60 mil personas en torno
a la extracción del salitre que fertilizó
los campos de todo el mundo. Un verdadero milagro,
que pesa en la reciente decisión de UNESCO.
El intenso lobby a través de la Cancillería,
la restauración de las instalaciones, realizada
por la Corporación Museo del Salitre que
tiene a su cargo la administración por
concesión fiscal, y la presentación
de un completo plan de manejo que según
el Ministro de Educación, Sergio Bitar,
impulsor y primer Presidente de dicha Corporación,
responde a la lección aprendida de las
experiencias anteriores, han fructificado en el
éxito de la postulación realizada
en el año 2004.
"Estos conjuntos son excepcionales testimonios
de la forma de vida y del modo de producción
propios de la era del salitre, que en sí
mismos constituyen una cultura única",
según se lee en la fundamentación
presentada por el Consejo de Monumentos Nacionales.
"La actividad salitrera sufrió con
la invención del nitrato sintético
y con la Gran Depresión un golpe definitivo,
del que no se recuperó nunca más.
La forma de vida, los asentamientos y los sistemas
de procesamiento propios de la actividad, la cual
está ejemplificada excelentemente por estas
Oficinas, son parte del pasado de la humanidad".
Hoy sólo subsiste parte de las instalaciones
originales, las que han sido sistemáticamente
desmanteladas, y que, aún bajo la protección
del Consejo de Monumentos, que en 1970 las declaró
Monumento Nacional, siguieron siendo objeto de
saqueos y daños, estando en manos de privados
hasta que en el año 2002 fueron rematadas
por el Síndico de Quiebras pasando a poder
del Estado, que, a través de la Corporación
Museo del Salitre asumió la preservación
y proyección de este patrimonio, con el
objetivo de transformarlo en un museo de sitio.
Utilizado anteriormente como explosivo que se
exportaba a Perú, el salitre o nitrato
de sodio, que se encuentra en las pampas nortinas
desde Tarapacá a Antofagasta, reveló
en los en la primera mitad del siglo XIX sus propiedades
fertilizantes, realizándose embarques a
Europa y Estados Unidos. Hacia 1830 la enorme
demanda internacional atrae a inversionistas y
trabajadores tanto chilenos como peruanos, norteamericanos
y europeos, en un territorio que se halla bajo
soberanía peruana y boliviana. La magnitud
de los intereses involucrados alentaría
la Guerra del Pacífico, que en 1884 terminaría
con la incorporación de la región
al mapa chileno.
La producción y exportación del
salitre se convierte en elemento clave para el
desarrollo de la agricultura a nivel mundial y
para el progreso económico, social y político
de Chile. En torno a ella se gesta un sistema
productivo y comercial, una forma de vida, una
cultura que caracteriza a la zona y que se manifiesta
tanto en el apogeo de la rica urbe cosmopolita
de Iquique, como en el surgimiento de un movimiento
social fraguado en el sudor de los obreros que
lucharon por sus derechos. Una identidad que,
en todo caso, está marcada por el tesón,
el esfuerzo, el espíritu emprendedor y
la creatividad para desenvolverse en un medio
hostil y solitario.
Construida en 1872 con el nombre de La Palma,
La Oficina Salitrera Humberstone, siendo la más
importante de la región, al igual que Santa
Laura paralizó sus faenas debido a la Gran
Depresión, reanudándolas en 1933
siendo bautizada como Santiago Humberstone, en
honor del ingeniero químico inglés
que adaptara a la industria del nitrato el sistema
de elaboración llamado Schanks, con el
cual operaron tanto esta oficina como Santa Laura.
Su máximo desarrollo tuvo lugar entre 1933
y 1940 llegando a albergar una población
de 3700 habitantes. Tras una difícil crisis
fue cerrada junto con las otras del llamado Grupo
Nebraska -Santa Laura, Nebraska, Peña Chica,
Keryma- todas las cuales fueron subastadas en
1962, adjudicándose su propiedad un particular.
La Oficina Salitrera Santa Laura fue construida
en 1872. En 1920 vivían en ella 450 habitantes.
Ambas oficinas actualmente están abiertas
a las visitas del público.
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