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La discusión es eterna.
Esta abarca desde aspectos tan macro como la compatibilidad
del "desarrollo económico" con
la preservación del patrimonio, hasta la
poco transparente maquinaria que opera a la hora
de llevar a cabo proyectos de tan severo impacto
y la innegable incapacidad estructural y funcional
de los organismos y personas que velan por el
patrimonio para intervenir a favor de éste,
en un sistema con una ley de patrimonio ineficaz,
donde escasean los recursos para la investigación
y la conservación y donde siempre prevalecen
los grandes intereses económicos.
Y es por lo mismo que recoger las opiniones de
los personeros y organismos ligados a la defensa
del patrimonio es tan complicado. Por una parte,
resulta imposible repartir las culpas dentro de
una madeja de gestiones, responsabilidades, atribuciones
y negociaciones tan compleja. Por otra, nadie
está dispuesto a exhibir su impotencia
a la hora de asumirse como eslabón de una
cadena que desemboca en hechos que se oponen a
los propios principios. "A nadie le gusta
destruir el patrimonio", dice el Presidente
de la Sociedad Chilena de Arqueología y
académico de la Universidad de Chile, Mauricio
Uribe, quien se encarga de dejar en claro que
no se puede culpar al Consejo de Monumentos por
un asunto en el que, a todas luces, no tiene la
última palabra.
Material lítico, cerámico y osteofaunístico,
paneles de arte rupestre, sitios ceremoniales,
hitos de carácter astronómico y
marcadores de territorios y recursos de agua,
petroglifos, tumbas, forman parte de este importante
asentamiento arqueológico, cuya información
está siendo recabada por un equipo de arqueólogos
para generar una base de datos. Muchos de los
restos no podrán ser rescatados, otros
serán trasladados, pero en cualquier caso,
el significado global de estos espacios se perderá
para siempre.
"Llega un momento en que los arqueólogos
se convierten en los rescatadores de lo posible.
Te ponen ante ese rayado de cancha. Si tú
no lo haces, lo hará cualquier persona,
incluso sin conocimientos técnicos",
señala Uribe, quien intenta trasmitir el
difícil papel que deben asumir los especialistas
a la hora de, por ejemplo, levantar un cementerio
indígena, con la oposición de la
comunidad, en un lugar en donde no hay otra opción
que rescatar los restos de la inminente destrucción.
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