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El caso del curandero atacameño,
Juan Cutipa, procesado por tenencia de un cuarto
de kilo de hojas de coca, la cual es utilizada
con fines medicinales y rituales, reabre el debate
sobre la compatibilización entre la ley
y la tradición cultural de los pueblos
originarios.
Hasta diez años de cárcel se estipulan
en la ley de drogas para quien coseche especies
vegetales productoras de sustancias estupefacientes,
como la cocaína. Juan Cutipa, uno de los
pocos chamanes atacameños que sobreviven
en Chile, está procesado por narcotráfico,
tras haberse hallado en su poder un cuarto de
kilo de hojas de coca. Estas son empleadas con
fines mágicos y medicinales, por lo que
el curandero fue encarcelado durante cuatro meses.
El artículo 2 de la ley 19.366, que castiga
la tenencia de estas sustancias, señala
como infracción menor su utilización
para consumo personal, sin embargo, su empleo
en prácticas ancestrales es un caso que
no está considerado. Por otra parte la
ley indígena obliga al Estado a preservar
las culturas originarias, de las cuales forman
parte este tipo de prácticas.
Apelando a esta contradicción entre los
intereses que ambas leyes protegen, la Conadi
le envió al congreso una indicación
a la ley de drogas que cuenta con el apoyo de
parlamentarios de diversos sectores. La modificación
que se plantea significa formalizar en el derecho
lo que en los hechos ya es una costumbre ampliamente
conocida y aceptada por las autoridades. En la
primera y segunda región es común
entre las comunidades altiplánicas masticar
hoja de coca, lo cual se recomienda a cualquiera
que visite las zonas de mayor altura para combatir
la baja de presión, o el efecto de la "puna",
el cansancio y el hambre.
Para realizar rituales religiosos como la chawa
y la pawa, y curar enfermedades, los pueblos andinos
recurren a la hoja de coca, que, además
de energizar, posee varias propiedades, al ser
utilizada en té y emplastos. La puna, la
diarrea, el dolor de huesos y la fiebre son algunos
de los males que ataca. El arbusto Erythroxylum
coca tiene una connotación sagrada asociada
a las relaciones sociales, por lo que forma parte
de reuniones, tratos y negocios conjuntos.
Mezclando la hoja con harina y ceniza de cactus,
que contribuyen a liberar el alcaloide, los indígenas
obtienen una masita cuya masticación les
ayuda a sobrellevar sus extremas condiciones de
vida. Y aunque la concentración de alcaloide
existente en la hoja de coca natural es cien veces
menor a la de la cocaina, se ha demostrado que
su consumo permanente provoca adicción
y daño cerebral, y en casos extremos puede
desembocar en cuadros psiquiátricos como
paranoia y esquizofrenia, lo que suma complejidad
al problema de legislar. De hecho, la masticación
es considerada como adicción a la cocaina
por la Organización Mundial de la Salud.
Es incierto, por tanto, el destino de esta iniciativa
de Conadi, para compatibilizar la ley de drogas
con la protección de las culturas originarias.
Lo seguro es que el consumo de hoja de coca en
nuestro país, que se remonta a casi dos
mil años, seguirá formando parte
de la vida cotidiana de los pueblos andinos.
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