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Gracias a su adquisición
por un matrimonio de Puerto Montt y con el patrocinio
de la Corporación Patrimonio Cultural de
Chile, el Café Torres seguirá proyectando
su centenaria tradición cultural y culinaria.
Una restauración que recupera el apogeo
del 1900, nuevo impulso a la gastronomía
y dos estacionamientos para los clientes apuntan
a devolverle su prestigio y su éxito de
público.
El próximo
mes de diciembre abrirá sus puertas el
restaurado Café Torres, en la planta baja
del Palacio Iñiguez, en la Alameda, el
cual fue vendido por sus dueños a un matrimonio
de Puerto Montt con tradición familiar
de empresarios gastronómicos. De esta forma
se evitará que su antigua barra, su legendario
reloj, sus sillas y sus adornos sean repartidos
entre distintos compradores y desaparezca este
local tan representativo de la historia de Santiago,
en donde nació el Barros Jarpa, el Barros
Luco y el Cola de Mono.
La remodelación devolverá
al Torres el ambiente de su apogeo, cuando fue
escogido en 1910 para ofrecer el banquete del
Centenario de la República al cuerpo diplomático.
Piso de madera, baldosas que aún se fabrican
en la calle Santa Rosa, vajilla del 900, grandes
sillones de cuero y la barra estilo Art Decó
de roble americano y lingue con pisaderas de bronce
son los elementos principales que evocarán
el espíritu original y recuperarán
la nobleza del lugar.
Con el objetivo de recuperar no sólo el
look, sino también el prestigio gastronómico,
se contrató a la destacada chef Pola Mingo,
quien ha logrado, con la ayuda de varios entendidos
que han querido colaborar, rescatar recetas históricas
de una cocina chilena tradicional y refinada,
con detalles como el pan hecho en los hornos propios.
Para resolver el problema del estacionamiento,
que las últimas décadas espantó
a la clientela, habrá dos estacionamientos
ubicados a una cuadra.
Además habrá un calendario de actividades
culturales en torno a la mesa y la conversación,
proyectando la atmósfera reinante por más
de un siglo, siendo el centro de reuniones de
poetas como Huidobro, políticos como Arturo
Alessandri Palma, cronistas como Joaquín
Edwards Bello, por nombrar sólo a algunos
de los hombres notables que en sus mesas, dibujaron
nuestra historia y nuestra cultura.
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