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Su pluma y su figura no
saben de indiferencia. Para muchos el mejor escritor
latinoamericano vivo, el chileno radicado en España,
Roberto Bolaño cultivó una compleja
relación con Chile y cosechó, como
ningún otro compatriota en el mundo, una
fama que lo mantuvo tan vigente en las librerías
como en el menú de la crítica y
las pesadillas del ambiente literario. Su muerte,
a los 50 años, por insuficiencia hepática,
consagra el mito y el culto a este niño
terrible.
En el hospital Vall D'Hebron
de Barcelona, ocurrió el final adelantado
de una creación literaria aclamada por
la crítica internacional y fruto de un
chileno. Con sólo 50 años, el escritor
Roberto Bolaño falleció producto
de un shock hepático, tras esperar durante
dos meses un transplante de hígado. Su
delicado estado de salud, hizo imposible una intervención
de urgencia.
Siendo el único chileno
en la historia, galardonado con el prestigioso
premio Rómulo Gallegos por su novela Los
Detectives Salvajes, en 1999, la que también
fue distinguida con el premio del Consejo Nacional
del Libro y con el Herralde, Bolaño era
considerado por muchos el mejor escritor latinoamericano
vivo. Blanco de tantas críticas como elogios,
su ácido talento lo llevó al centro
de polémicas, a lo alto de los rankings
de venta y a las portadas de diarios revistas,
como el sumplemento de libros de Le Monde, que
el año pasado ponía en la balanza
su vanidad y su brillantez. Les Inrockuptibles,
por su parte, lo ha descrito como "terrorista
camaleón, heredero inquieto de Borges y
descendiente revoltoso de Cortázar".
En la misma tónica se inscribe su compleja
relación con Chile, lugar que cambió
por México a fines de los '60, regresando
tras el triunfo de la Unidad Popular y volviendo
tras ser detenido luego del golpe militar, para
posteriormente radicarse en España. Desde
entonces su vinculación con el país
ha estado marcada por los remezones de sus deslenguadas
opiniones sobre la escena literaria local y el
culto de los escritores más jóvenes.
Entrevistado recientemente por el diario español
El Mundo, Bolaño señaló que
de Chile, sólo es recomendable el sur para
pasar las vacaciones. "Los bosques y los
lagos, seguro. A Santiago no vayan. Es la típica
ciudad tercermundista polucionada y masificada.
Horrible".
Sin embargo, otras declaraciones suyas, al diario
El Mercurio, delatan una raigambre inevitable:
"En casi todo lo que escribo el personaje
principal es un chileno. En ese sentido, para
bien o para mal, Chile siempre está presente
y aparece en mis obras en hombres expatriados
o vagabundos" así como también
: "Me aficioné a ser extranjero con
todas sus consecuencias. Acepto el ser chileno
con una mezcla de resignación y de recuerdo.
Soy chileno y, además, del sur. Peor imposible".
Más de mil páginas sin corregir
de su próxima novela 2666, sobre los asesinatos
de mujeres en Ciudad Juárez, en la frontera
de México con EE. UU. están a la
espera de una publicación cuyo éxito
está garantizado, al igual que el de su
volumen de cuentos El Gaucho Insufrible, que saldrá
por el sello Anagrama en septiembre. En él,
Bolaño arremete contra el boom y el postboom.
"Creo que va a sacar chispas, porque no queda
títere con cabeza. Es un texto que responde
a la idea del ataque gratuito parriano y al gusto
de joder la paciencia"., ha dicho el escritor.
Además de su obra principal, "Los
detectives salvajes", Bolaño ha publicado
"La pista de hielo" (Planeta 1993);
"Literatura nazi en América"
(Seix Barral 1996); "Estrella distante"
(Anagrama 1996); "Llamadas telefónicas"
(Anagrama 1997); "Monsieur Pain" (Anagrama
1999); "Consejos de un discípulo de
Morrison a un fanático de Joyce" (Anthropos
1999); "Amuleto" (Anagrama 1999); "Los
perros románticos" (Lumen 2000); "Tres"
(El Acantilado 2000); "Nocturno de Chile"
(Anagrama 2000); "Putas asesinas" (Anagrama
2001); "Una novelita lumpen" (Mondadori
2002)y "Amberes" (Anagrama 2002).
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