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Los
primeros habitantes
A partir de 300 años
a.C., en Chile Central se puede identificar con
claridad la presencia de grupos humanos horticultores
y alfareros. Estos grupos mantuvieron, en todo
caso, un modo de subsistencia diversificado, ya
que en buena medida su sustento provenía
de la caza, de la recolección y de la pesca,
en el litoral. Calabazas, porotos, quinoa y maiz,
fueron sus principales cultivos. Se trata de asentamientos
que presentan características comunes,
las que han sido indentificadas especialmente
en el territorio que se extiende desde el río
Aconcagua, hasta el Cachapoal. Carecen de una
administración, autoridad y jerarquía,
y su organización social se centra en la
familia como núcleo independiente.
Algunos testimonios de grupos arcaicos que datan
de un período comprendido entre el año
100 AC y el 200 DC han sido encontrados en la
costa del litoral central, como es el caso de
Concón y en valles del interior. En lugares
como Papudo, Ritoque y San Antonio se han encontrado
numerosos restos arqueológicos del denominado
grupo Bato, cuyo desarrollo tiene lugar entre
el 250 AC y el 600 DC. Otro grupo identificado
en la costa central y el más conocido es
el Llo lleo, una sociedad que se desarrolla entre
el 150 AC y el 900 DC y que presenta una mayor
densidad de población, con sitios habitacionales
más extendidos, cuyos restos han sido hallados
en Las Cruces y Algarrobo.
Los hallazgos de los arqueólogos de Ciprés
Consultores corresponden principalmente a sitios
habitacionales con sepulturas. De acuerdo a la
tradición, los muertos eran enterrados
bajo el piso de las viviendas, acompañados
de diversos elementos en donde son muy importantes
las vasijas de cerámica. Sin embargo, aseguran,
que los indicios encontrados de los primeros grupos
agro-alfareros, "no se corresponden plenamente
con la tradición de los Bato ni de los
Llolleo, presentando elementos no identificados
anteriormente, como los fogones", que se
suponen destinados a "quemas funerarias".
¿Ocupación
o revolución?
El fin de una tradición
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