| Los
escritos y documentos audiovisuales del etnólogo
austríaco, el padre Martín Gusinde,
acerca de los selk'nam y sus vecinos los haush,
son el más conocido referente en la
materia y lo fueron también para Chapman,
quien encontró en ellos un profundo
estudio de la ceremonia de hain. Gusinde llega
a la Isla Grande de Tierra del Fuego a principios
de los años 20 cuando ya no quedaban
más que 280 de los cerca de 4.000 habitantes
que vivían en la zona antes de la colonización
iniciada en 1880, y que representó
una verdadera masacre. |
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"La
vida tradicional indígena ya estaba más
o menos desarticulada, pero existía una
vida prístima que era la misma desde la
sociedad más antigua. Gusinde intenta rescatar
a partir de lo que queda y produce el hain",
explica Mena. Pinturas y atuendos fueron puestos
a punto especialmente para la ocasión,
diez años después del último
genuino hain realizado por la comunidad. Y se
tomaron las fotografias de los seres míticos
con la piel pintada que hoy determinan nuestra
imagen de los selk'nam. "Ellos hablaban selk'nam
pero muchos se vestían normal. Ya estaban
transculturizados porque toda la isla estaba llena
de estancias ganaderas", dice el antropólogo.
Tras presentar un mapa de la estructura socio-cultural
de los selk'nam y reconstruir la forma y el sentido
del principal ritual que los cohesiona e identifica,
Chapman centra su análisis en la funcionalidad
social del hain en el sentido de domesticación
de la mujer en una sociedad patriarcal, concluyendo
que, aunque la acción se basara en el "secreto"
y en el supuesto engaño a las mujeres,
en realidad "ellas sabían que los
espíritus que aparecían en la ceremonia
no eran más que hombres disfrazados".
El principal aporte
de Anne Chapman, según Mena, "es darle
una visión desde el punto de vista de la
mujer al estudio de Martín Gusinde. Es
una nueva perspectiva. Una interpretación
particular que cuestiona el sesgo machista de
Gusinde". Una película y dos libros
han sido la contribución de esta autora
a lo que ya puede llamarse una "moda selk'nam",
que atrae por igual a los amantes de la historia,
el diseño, la etnografía o la espiritualidad.
Fascinación que Mena vincula al apremio
de los nuevos tiempos. "Ellos son la contracara
de nosotros. Una sociedad tecnológicamente
muy pobre y espiritualmente muy rica", agrega
Mena.
Un mundo aniliquilado por la colonización,
las enfermedades y los consecuentes conflictos
internos, cuya vida constituye, fundamentalmente,
un inmenso misterio: "Sólo sabemos
sobre sus ritos, las pinturas, los espíritus,
que cazaban guanacos y que se vestían con
pieles. No es mucho", confiesa el especialista.
La preponderancia de una realidad paralela, poblada
de espíritus y personajes y la rudeza para
adaptarse a las más hostiles condiciones
físicas, con temperaturas varios grados
bajo cero, marcan el temple de estos fueguinos.
"En sus rituales de iniciación se
tiran desnudos en la nieve. Un estudioso que estuvo
a fines del siglo XIX cuenta que una vez se encontró
con un hombre desnudo y le dijo que cómo
no tenía frio, que sólo la cara
podía llevarse descubierta. El selk'nam
le respondió: yo soy todo cara".
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